Teórica Nro. 7
14 – 05 – 2002
Prof. Lic. Héctor DEPINO
Lo que vamos a trabajar hoy, tiene que ver con temas que ya han leído así que no van a resultar completamente nuevos. Partiendo de una definición que a nosotros nos interesa que tengan en claro, que es que lo que llamamos inconsciente, es decir lo que llamamos la estructura que determina la explicación de nuestros actos, este sistema o estructura, este inconsciente decimos que está estructurado como un lenguaje. Decir que el inconsciente esta estructurado como un lenguaje, no lo equipara al lenguaje, sino que, no hay inconciente sin el lenguaje. Esto implica entonces, que el lenguaje y la estructura del lenguaje le permiten a este sistema inconsciente manifestarse, de forma tal que nosotros podemos acceder a esa “otra escena” que para la conciencia está irremediablemente oculta o perdida. Esta otra escena, la otra escena del inconsciente, implica este sentido oculto, esta significación a descifrar y eso solo es posible por que el lenguaje otorga la posibilidad de acceder a sus significaciones. Entonces el deseo en tanto deseo inconsciente, el deseo para acceder a un nombre, por decirlo de alguna forma, necesita del lenguaje. Freud trabaja fundamentalmente este hecho a partir de la hipótesis central que arma todo un extenso libro de su obra, que es el libro dedicado a los sueños en donde afirma que todo sueño es “realización de un deseo”, y utiliza la idea de que realización no es cumplimiento, no es que en el sueño se cumple el deseo sino que en el sueño hay un nombre para ese deseo. Pasa a ser “deseo de...”, la escena fantasmática le da cuerpo, como cuando decimos que “algo cobra cuerpo”, que significa que se materializa o sustancializa. En el caso del deseo, se relaciona con una representación. Cuando hablamos de escena fantasmática, nos referimos a la fantasía en tanto, en el sueño, presta personajes y acciones para poder vehiculizar al deseo. Aunque la posición del “sujeto” que vive su “ensoñación diurna” (la fantasía durante la vigilia) es en primera persona, mientras que en el inconsciente, no hay “subjetivación”, el sujeto forma parte de la escena. La fantasía inconciente va a tener una forma impersonal casi siempre. Por lo tanto lo que plantea Freud es que el sueño es el camino directo para acceder a esa otra escena oculta que es la del Inconsciente. ¿Por qué?, Porque fundamentalmente el sueño trabaja con las condiciones que le da el lenguaje para producir, vía las formas retóricas del lenguaje que son la metáfora y la metonimia, sentidos a ese deseo, trabaja para darle sentido a ese deseo, significaciones. Por lo tanto podemos pensar que cualquier significación del inconsciente es una metáfora. Es una transformación que le otorga un sentido otro. Hay diferencia entre lo que sería la formación del sueño y la formación del síntoma. Si bien decimos que todas las formaciones del inconsciente comparten la estructura del síntoma en tanto denuncian la existencia del deseo pero al mismo tiempo lo ocultan, el síntoma arma una metáfora que se rigidifica, que queda única, que se encierra, mientras que el sueño produce nuevas significaciones permanentemente, o sea soñamos permanentemente, es como decir el síntoma se arma de una vez y queda sostenido como síntoma, queda en una dimensión fija, mientras que las otras formaciones del inconsciente, si bien tienen la misma estructura que permite su producción, no es que soñemos una vez y después ese sueño va a ser el mismo para siempre, sino que todas las noches tenemos sueños diferentes, pero lo que sí importa, es que el sueño, igual que el síntoma es metáfora, es decir es sustitución, es un sentido en lugar de otro, otro que tal como nosotros lo planteamos es inaccesible, es oculto. La hipótesis entonces es que el sueño nos da datos de este inconsciente en tanto oculto y Uds. ya saben que, si es oculto es por que es reprimido, y si es reprimido es por que implica experiencias infantiles rechazadas por la conciencia. Freud dice entonces que, por el sueño podemos acceder a “eso de lo reprimido”, digo “eso” de lo reprimido porque no es que podamos encontrar una significación única, sino una significación múltiple. Y si la hipótesis de lo reprimido implica que no hay inconciente sin represión, implica que el acceso a lo reprimido no puede ser sin represión. Porque si no, podemos ilusionarnos con la idea de que el sueño trabaja y nos muestra el deseo reprimido y nosotros hacemos el recorrido inverso y accedemos a eso reprimido sin ningún tipo de dificultad. La hipótesis del inconsciente implica que el inconsciente no puede, porque tiene que ver con lo reprimido, no puede manifestarse abiertamente, no puede manifestarse sin ocultamientos y estos ocultamientos, en sentido amplio, nosotros lo nombramos represión. Freud en el libro de los sueños, (“La interpretación de los sueños”, 1901), trabaja muchos ejemplos de sueños, que le son relatados, o de sueños propios. En principio a él le interesa trabajar con sueños propios o sueños relatados porque cree que puede hacer una diferencia entre los sueños que tenemos los seres humanos por el hecho de ser seres hablantes y los sueños de los enfermos neuróticos. Nosotros a esta altura pensamos que es imposible hablar de un ser humano absolutamente normal, un ser humano absolutamente sano, porque por la hipótesis que hemos establecido, no hay un ser humano que pueda no tener inconsciente, y por lo tanto si tiene inconsciente seguro que va a producir algún tipo de síntomas, lo que pasa es que aquel que nosotros definimos como neurótico es aquel que padece por sus síntomas o sus síntomas le producen sufrimiento. Pero todos nosotros tenemos síntomas, síntomas que son adaptativos, síntomas que nos sirven para vivir, entonces no habría diferencia entre el sueño de un neurótico, y el sueño de un normal o de un sano, pero Freud en ese momento como está en el comienzo de su teoría quiere hablar de sueños que en principio no puedan ser catalogados como sueños de enfermos para poder decir entonces que eso le pasa a los enfermos y no a todo el mundo. Entonces él lo que hace es trabajar con todo el mundo, es decir con los que él cree que son sanos, en primer lugar él mismo. De estos ejemplos nosotros habitualmente trabajamos un sueño que se ha convertido en un clásico y que tiene como título: “El sueño de la monografía botánica “. El sueño es un sueño muy chiquito, muy poco llamativo, pero lo que tiene de atractivo es que Freud se ocupa de un sueño de esos que habitualmente uno olvida rápidamente, y lo pone a trabajar, para hacerle decir esa significación, ese sentido, que aparece enigmático, velado u oculto. El texto del sueño, el relato del sueño, son algunas frases en las cuales él dice, recuerda, que “ha escrito la monografía de una planta”, “que tiene ante él (es la forma en que relata el sueño que ha experimentado durante la noche) un libro abierto con una lámina en colores que representa a modo de herbario”, dice, “un espécimen disecado de la planta”, esto es el relato que puede hacer de esa experiencia que ha tenido durante el dormir y los restos que aparecen como recuerdo de ese sueño, restos que evidentemente lo llevan a nombrar a él, o a quienes leemos ese sueño como “el sueño de una monografía botánica”, obviamente es lo que él se plantea. Como es parte de la hipótesis que, si el sueño es sueño, y ha trabajado con la única energía que puede tener el psiquismo que es la energía del deseo inconsciente, va a decir que el sueño tiene alguna significación, “me quiere decir algo”, envía un mensaje. Por supuesto que esta forma de pensar el sueño no es una forma novedosa. Desde el comienzo de los tiempos, en la tradición judeo – cristiana, el sueño aparece siempre como un mensaje. Pero a diferencia de la modernidad, en la antigüedad el sueño era el mensaje divino que utilizaba como vehículo a algún humano para transmitir sus órdenes, sus leyes, sus indicaciones. Por eso el sueño clásico, el sueño bíblico, el sueño de las 7 vacas gordas y de las 7 vacas flacas, el sueño del faraón, (está escrito en la Biblia), es el sueño en el cual Dios transmite una determinada información para el pueblo egipcio a través de su líder, es decir el faraón. En la modernidad a partir de Freud, el mensaje ya no es de la divinidad, ya no es Dios el que envía el mensaje sino que es el inconsciente. El deseo en tanto deseo inconsciente. Por lo tanto Freud dice si yo tengo ésto, algo quiere decir, como hizo con los síntomas histéricos, si esto aparece algo quiere decir, pero algo quiere decir es que no es algo obvio, algo evidente. Por lo tanto, lo primero que se le ocurre decir, es que, durante el día anterior se ha cruzado con un científico, un médico vienés, (Köningstein), en una de sus caminatas por la ciudad, que le representa a él, el enjuiciamiento por haber abandonado sus investigaciones científicas. Su amigo le dice: “te dejas llevar de la fantasía”. Ustedes saben que Freud antes de dedicarse al psicoanálisis fue neurólogo y se ocupaba de investigar los efectos narcotizantes de la cocaína. De ahí que ciertas versiones lo nombren como cocainómano. No es que realmente Freud haya sido adicto a la cocaína, estudió el efecto, junto con un oculista, para hacer operaciones de glaucoma, que luego abandonó para comenzar sus investigaciones sobre el psiquismo. Por lo tanto, volviendo al sueño, la primera idea que le surge a Freud es yo soñé esto para recuperar mi autoestima, para decirle a la sociedad científica que estoy haciendo cosas serias y no estas vanalidades de dedicarme a pensar en los sueños “. Lo digo así, porque evidentemente en ese momento científico de comienzo del siglo pasado y fines del anterior, para la ciencia médica, tratar de encontrar sentidos ocultos a los síntomas histéricos o tratar de darle significación a los sueños era algo muy poco serio. Freud dice ( y esa es la valentía de la condición creativa de Freud), que, hacer un sueño para taparle la boca a un colega no se justifica, ya que la hipótesis central es que todos los deseos a los que podemos acceder concientemente o sea que están preconcientes, deben sumar la energía de deseos más ocultos, deseos del orden del inconsciente reprimido, por lo tanto dice que tiene que haber más. Esto lo lleva a seguir investigando en las condiciones en las cuales este sueño pudo aparecer. Sigue prestando atención a lo que conocemos como “resto diurno”. Los restos diurnos son las cosas que han aparecido o se han producido durante la vigilia anterior y que pueden no tener ningún sentido, o bien pueden tener una significación absolutamente anodina, y que no obstante, motoriza la producción del sueño. Recuerda entonces que durante la vigilia se ha encontrado con un matrimonio de apellido “Gärtner”.
Gärtner en alemán quiere decir jardinero y al charlar con este matrimonio surge el nombre de una ex paciente de Freud conocida de este matrimonio que simpáticamente se llama Flora. Con la idea de Flora a él le aparece en algún momento el recuerdo de que en esa conversación él hace un cumplido a la señora Gärtner y le dice que se la ve floreciente. Acá aparece la dimensión clara del sin sentido o del doble sentido o del malentendido que implica toda palabra. O sea, acá hablamos de un apellido que remite a jardinero, un nombre que remite a la botánica, un cumplido que refuerza la dimensión de lo botánico. Jardinero, Flora, floreciente; con sentidos completamente diferentes. En ningún momento se esta hablando de algo botánico verdaderamente. Le interesa entonces, al encontrarse con estas asociaciones de ideas, avanzar por la vía de lo botánico. Recuerda, y esto porque ya aparece un sentimiento más oculto, un sentimiento de culpabilidad, podríamos decir, recuerda que hace mucho tiempo que no le trae flores a su mujer. Las flores preferidas de su mujer son los ciclámenes. Asocia esta idea al hecho de que su mujer si le prepara a él su plato preferido que también es un vegetal, alcauciles. Al dejarse llevar por sentidos posibles, liberarse de toda crítica, todo raciocinio, aparecen significantes, es decir palabras que se van conectando porque se supone que ya están conectadas. La idea de la asociación libre es hacer que las conexiones que se han producido en el trabajo del sueño puedan emerger. Por lo tanto, llega a los alcauciles y se detiene en el hecho particular de que, éstos para ser ingeridos, deben ser deshojados como una flor, arrancando sus pétalos para ser comidos. Arrancar los pétalos de cualquier flor, u hojas de una rama de cualquier planta deja aparecer nuevamente un doble sentido, ahora, entre las hojas de los árboles y las de los libros; utilizamos el mismo significante, la misma palabra para nombrar dos cosas absolutamente distintas, en todo caso, dos cosas que pueden ser arrancadas de su matriz o de donde estén adjuntas, fijas o pegadas. La idea de arrancar hojas de un libro, lo lleva a recordar una escena infantil en la cual junto con su hermana arranca las hojas de un libro de imágenes en colores de un viaje a Persia. Y aparece esto ya como “un recuerdo infantil”, un “recuerdo encubridor”, que le trae sensaciones muy placenteras, las sensaciones que puede tener un chiquito de hacer algo prohibido. A todos los chiquitos les gusta romper libros, o juguetes, porque es resultado de una pulsión de conocimiento, de descubrimiento, no de destrucción, pero se aprende que la cultura reprime estas conductas, saben que no pueden porque se los reprime. La idea de romper, de deshojar un libro es algo que se relaciona con una sensación de voluptuosidad. Si utilizamos el término del sueño de Toulouse Lautrec. Así Freud se aleja bastante de la idea de escribir un libro para que la sociedad científica lo aplauda y aparece una situación mucho más placiente, mucho más cerca de la satisfacción pulsional o sexual de descarga, en hacer algo que motrizmente produce un efecto. Ahí se detienen las asociaciones de Freud, quiere decir que actúa nuevamente la dimensión de lo reprimido. El mecanismo de la represión obliga a desviarse hacia otra línea asociativa, ya no se le ocurre otra idea sobre lo anterior, y se pierde totalmente la línea botánica, ya que surge la idea de otro libro que es una Biblia, que su padre le ha regalado en su adolescencia. Comienzan así los recuerdos de que en esta etapa Freud tenía una afición por los libros que lo había llevado a endeudarse teniendo que recurrir a la ayuda de su padre para poder saldarlas. Junto con la Biblia, surge otro recuerdo en el cual su padre al entregarle este libro le dice que es un regalo muy preciado para él porque ese libro es lo más valioso que él tiene más allá de la relación con su madre. Lo que le ocurre a Freud es que su padre le dice: “te doy lo más valioso después de tu madre”, con lo cuál ahí aparece claramente la posibilidad de que en ese poseer un libro haya algo de poseer a la madre, Poseer en el doble sentido que nosotros utilizamos, de penetrar y apropiarse, sentidos que se encuentran en nuestra lengua. Poseemos cosas en el momento en que nos apropiamos de ellas, pero también el poseer es tener intimidad o contacto sexual. Freíd no llega a esta idea. Esto es algo que hacemos nosotros a los fines de la ejemplificación. Freíd no puede llegar a decir: “yo tengo ese libro que es tan valioso como mi madre y que está al lado de mi madre, luego, yo poseo ese libro, poseo a mi madre”, no llega a eso, la idea incestuosa no es posible concientemente. Ninguno de nosotros podría llegar a una cuestión así, por lo menos no sin un psicoanálisis, es una hipótesis teórica, pero nadie tiene convencimiento al respecto. Nuestra propia represión rechaza estas ideas. Hay detenimiento, hay represión, hay imposibilidad de avanzar en esas lineas asociativas, pero a nosotros lo que nos interesa es que les quede claro que el trabajo del sueño se apodera de estas condiciones del lenguaje para producir significaciones. Significaciones que se van ocultando al mismo tiempo que van apareciendo, y que en el camino inverso hay posibilidades de ir descubriendo lo oculto, pero no sin dificultades. Esto importa porque si no vamos a creer que hacer el camino inverso de un sueño es descubrir el deseo inconciente reprimido allí, jugado sin ningún tipo de velamiento, de ocultamiento. Me interesa también que quede clara la idea de que las asociaciones, en este caso de Freud, pero en general, siguen un recorrido que utiliza la metáfora de las arborizaciones en el sentido botánico, en el sentido de cómo crece una planta, un árbol, que va abriendo ramas, complejizándose a partir de un tronco, o en el sentido de las cuerdas de un paracaídas que, divergen o convergen, según el sentido, hacia un centro, es decir que las relaciones se van aproximando hacia un centro, un núcleo, que es el núcleo del sueño. En estas asociaciones del soñante Freud, el sentido va tomando un caríz distinto, un significado de índole sexual, muy diferente al de comienzo.
Todo sueño tiene un núcleo irreductible, a ese núcleo irreductible Freud lo llamó: ombligo del sueño, es algo a lo que no se puede acceder, o sea que permanece oculto, como sin significación posible. A este ombligo del sueño, si le queremos dar una significación posible, ya lo he dicho otras veces, para que quede claro, es la relación incestuosa con la madre, en tanto imposible, sólo está allí como motor de realizaciones sustitutivas. En este sueño aparece también una serie de sustituciones, o asociaciones con el significante: “herbario”; aparece una referencia clara a otro recuerdo de adolescencia donde él debe limpiar un herbario que está contaminado por esos gusanos que suelen aparecer ahí, como “apolillado”, diríamos, y lo interesante es que la palabra alemana para nombrar a ese gusano, es “Bücherwurm”, que es una palabra, como diría el autor de “Alicia en el País de las Maravillas”, Lewis Carroll, una “palabra maletín”, referido a las palabras que tienen más de una significación que se utilizan en más de un sentido. Bueno, este término se utiliza en otro sentido, en un sentido más vulgar que es lo que en nuestra lengua se traduciría como “rata de biblioteca”, eso es algo que en la transliteración es muy difícil, no se puede trabajar con distintas lenguas y hacer traducciones, porque las lenguas tienen estructuras propias, por eso es que en general trabajamos con la lengua materna.
Cada uno de nosotros sueña en la lengua materna, es decir, no sueña en japonés o alemán, si es que no es la lengua original en la cuál se ha inscripto en la vida. Por eso digo que para el alemán este término que nombra al gusano del herbario es algo que sirve para hablar de rata de biblioteca, que es algo que nosotros entendemos como esas personas a las que les gusta mucho la lectura y que se la pasan en las bibliotecas devorando libros.
Es por eso que aparece esta idea del herbario, vía otra serie de asociaciones. Lo que es la segunda parte del sueño, ya no es la idea de la monografía botánica, de la lámina de colores, sino la idea, por el significante asociado al herbario que lo acerca a “comer” metafóricamente un libro, devorar un libro y al recuerdo de que él tomó ese regalo del padre, la Biblia, con tanto entusiasmo que lo devoró, se lo tragó, es decir lo leyó muy rápido y con muchas ganas, muy entusiasmado. Habitualmente uno utiliza esa expresión, “me lo tragué”, pero obviamente ya ustedes ven ahí que, en esta cuestión del lenguaje, hablar de devorar un libro es algo que tiene mas que ver con una satisfacción pulsional que con una actividad intelectual. Importa que quede claro esto, el sueño trabaja así con representaciones, que la palabra permite mostrar al mismo tiempo que ocultar, uno puede hablar de “rata de biblioteca” y no por ello tiene que estar cerca de devorar el libro, que es el libro próximo a la madre, devorar a la madre, estar junto con la madre, poseer a la madre, etc. Se dan cuenta que hay una libertad en este tipo de trabajo que está producido por las condiciones mismas del lenguaje.
El producto del sueño convierte a ese trabajo en algo absolutamente original y creativo. Esto despertó gran interés, en distintos momentos históricos, especialmente en los artistas que siempre se propusieron realizar producciones creativas, y a partir del sueño generar productos transformadores de la cultura.
El artista, a diferencia del neurótico, el artista o el científico, aquel que se dedica a la producción en cultura, transforma la cultura, a diferencia del neurótico, y ojo porque podemos decir que un artista también es neurótico, un neurótico también es artista o sea, podríamos decir que en la parte neurótica del artista, el deseo inconsciente produce síntomas, en la parte creativa del neurótico, el deseo inconsciente produce obras, creaciones. En la parte neurótica, el síntoma es adaptación. En la parte creativa, la producción es transformación. Por lo tanto podemos decir que, neuróticamente podemos hacer un síntoma, como los que describe Freud, por ejemplo poner cortinas en las ventanas para no dejar ver esa intimidad que debe ocultarse por condiciones de civilización. O sea, ponemos cortinas porque hemos aprendido civilizadamente que la desnudéz, en determinados momentos y en determinadas circunstancias, se convierte en algo juzgable, rechazable y condenable para cierta sociedad. Entonces, andar desnudo por la calle es algo que no está bien, no es que no se pueda; mostrar la desnudéz con ventanas abiertas al público no está bien, no es que no se pueda, y poner cortinas para que eso sea algo que no se vea, está bien para la civilización, para la cultura. Por supuesto que hay variables, pero lo que estoy tomando es un ejemplo genuino, por eso utilizamos cortinas, por eso es que hacemos este doble ejercicio de abrir lugares para la luz y de ocultarlas para la mirada de los otros; eso es un síntoma. Sobre las cortinas habrá diseñadores, habrá quienes inventen diseños, texturas, formas, modelos, etc. Los que van a aportar un “plus”, que va a ser un “plus” de transformación. Este plus de transformación tiene que ver con modificar las reglas de la cultura. También el desnudo puede ser transformado con un “plus” estético y aparecer en el ámbito de la cultura transformando hábitos, es el caso de las modas, y es el caso del arte.
Me interesa que quede claro que el síntoma es para hacerle caso a la civilización, mientras que el arte, si quiere crear algo nuevo, no puede hacerle caso a la civilización o a la cultura, el arte tiene que transformar la cultura, sino repetiríamos lo que a la cultura ya le gusta y adoptó como propio. La cultura es muy rápida, es una manera de decir, en apropiarse de lo nuevo, de las creaciones artísticas y convertirlas en hechos culturales, con lo que les quita rápidamente lo original y transformador. Esta es la razón por la cuál durante todo el desarrollo del arte, de la creación y de la producción creativa en general, siempre ha aparecido en el artista la necesidad de obtener maneras para transformar su obra de forma tal que produzca algo nuevo en la cultura. A esas producciones en el comienzo del siglo pasado se las llamó producciones de vanguardia, y de los movimientos de vanguardia del siglo pasado que vamos a trabajar, porque están relacionados al tema específico del psicoanálisis que son los sueños, vamos a prestar atención a la que se agrupó en torno al nombre de Surrealismo. ¿Porqué nos interesa el Surrealismo?. Los surrealistas, es decir los miembros del movimiento, vivieron contemporáneamente a las investigaciones que sobre el psiquismo hizo S. Freud, tanto en relación a la producción escrita de este autor como a la relación directa con otro psicoanalista, en este caso francés, es decir cohabitante del Paris de la creación artística. Los surrealistas toman el libro de los sueños de Freud, el mecanismo del trabajo del proceso onírico, y toman la originalidad de la creación que hace su autor, lo que el llama “asociación libre”, como manera de acceder al deseo inconsciente reprimido, y lo toman como modelo para la producción de una idea nueva, transformadora para la cultura.
Básicamente, si consideran que la cultura reprime, y reprime los deseos inconscientes en su manifestación, es decir en tanto “retornos de lo reprimido”, ésto va a producir incomodidad a la cultura, y si va a producir incomodidad a la cultura quiere decir que la va a transformar. Por lo tanto el sueño es transformador, pero como no podemos trabajar como trabaja el sueño, que es el trabajo espontáneo del inconsciente, lo hacemos en el sentido contrario o más bien complementario, es decir, como trabaja la “asociación libre”. Es lo que hace que los surrealistas asocien libremente para acceder a la “idea surrealista” con que luego van a motorizar su producto, idea surrealista que puede aparecer en el orden de lo literario como en el orden de lo cinematográfico, en el sentido de la imagen en movimiento, o en el orden de la imagen fija, las representaciones plásticas que nosotros conocemos como producto de los pintores surrealistas. En general son las áreas más investigadas por estos artistas, y cuyos productos son vigentes en la actualidad de la cultura.
El Surrealismo nace entonces como un movimiento cuya hipótesis central sería “transformar, irritar, molestar la cultura”, en tanto cultura es el “orden establecido”, como suele decirse, “la comodidad burguesa”. Entonces, molestar a la cultura con aquello que más la molesta porque lo tiene que ocultar o disimular, algo así como, poner en juego lo más pulsional que pueda aparecer, quitemos las cortinas, demos a ver lo que habitualmente uno no quiere ver o teme ver, o lo que inquieta ver, y vamos a obtener, tal como ellos lo plantean, productos absolutamente “rechazables”, o “indigeribles”, o de difícil aceptación, esta idea es importante, porque el rechazo, como la represión en su dimensión inconsciente, sancionan el valor de algo como original o “distinto”. Un producto no rechazable es un producto ya conocido, ya reconocible, y por lo tanto hecho propio por la cultura, es algo que ya ha debido transformarse en un síntoma. Por eso es que de las producciones que vamos a ver, la cinematográfica que realiza Luis Buñuel junto con Dalí, que se conoció como “El perro andaluz”, y que es un film breve, de veinte minutos, es una producción que ataca directamente al ojo del observador. La primera imagen de esta película está sostenida por la de un sueño que tiene Buñuel y que le cuenta a Dalí, en que observa “como una nube atraviesa la luna en tanto que una hoja de afeitar corta un ojo”. La primera escena fílmica, insisto, es esta imagen, es el propio Buñuel quien actúa, con la particularidad de sus ojos exoftálmicos, mirando la luna que va siendo atravezada por la nube, mientras que el toma el párpado de la actriz que está sentada en una silla delante de él, y corta con una navaja el globo ocular. La imagen es repulsiva, revulsiva, es muy molesta, muy incómoda. Lo que buscaron, por supuesto, es eso, con esta idea-imagen, producir algo que irrite, que moleste, que transforme, que cuestione lo establecido. Cuenta Buñuel que ocurrió algo diferente a lo esperado cuando el estreno de la película, una película que tiene una serie de secuencias imposibles de ser traducidas a un lenguaje formal, conciente, a una lógica conciente, entendible, cuando se estrena, la gente aplaude “a rabiar” (comenta S. Dalí), y entonces Buñuel, como él lo describe en su autobiografía, que estaba detrás de la pantalla de proyección, con piedras o cascotes, preparado para defenderse porque suponía que lo iban a agredir, a “linchar”, al escuchar los aplausos, se irrita de tal manera que quiere prender fuego a las copias de la película. En contra del rechazo y el desagrado, los aplausos son índice evidente del fracaso más rotundo de la intención surrealista. Por suerte se lo impidieron y podemos seguir viendo hoy la película. Por otra parte, Dalí defiende el valor transgresor del producto, atacando al público, diciendo que “la gente aplaude por todo lo que no entiende, en una actitud snob, que al no estar preparada para soportar lo nuevo, transforma lo nuevo en algo ya conocido, que puede ser, lo establecido (satus quo), en donde también se puede incluir el arte”. Decir: “es arte”, es también una manera de despojar al hecho de lo agresivo que implica todo lo cuestionador y novedoso, “es un hecho artístico”, nos tranquiliza y le borra el interrogante o cuestionamiento que lleva implícito o explícito.
El mecanismo de asociación libre generador de un producto nuevo, es lo que en la literatura surrealista se conoció como “escritura automática”, y es la forma en la que el creador del movimiento, André Breton, un poeta, define el mecanismo por el que se arriva al producto literario. Da indicaciones sobre los momentos oportunos, el despertar, cuando hay menos presión de la lógica despierta, mayor relajamiento de lo motríz y la conciencia mas adormecida, la actitud, las posturas, y el método. Aconseja escribir sin cuestionar de forma tal que lo que vaya apareciendo sea sin ningún tipo de lógica preestablecida, sin explicación y sin ninguna posibilidad de ser fácilmente entendible.
En el “Primer Manifiesto Surrealista”, André Breton dice: “ordenad que os traigan recado de escribir, después de haberos situado en un lugar que sea lo más propicio posible a la concentración de vuestro espíritu, al repliegue de vuestro espíritu sobre sí mismo. Entrad en el estado más pasivo, o receptivo, de que seaís capaces. Prescindid de vuestro genio, de vuestro talento, y del genio y del talento de los demás. Decíos hasta empaparos de ello que la literatura es uno de los más tristes caminos que llevan a todas partes. Escribid deprisa, sin tema preconcebido, escribid lo suficientemente deprisa para no poder refrenaros, y para no tener la tentación de leer lo escrito. La primera frase se os ocurrirá por sí misma, ya que en cada segundo que pasa hay una frase, extraña a nuestro pensamiento conciente, que desea exteriorizarse. Resulta muy difícil pronunciarse con respecto a la frase inmediata siguiente; esta frase participa, sin duda, de nuestra actividad conciente y de la otra, al mismo tiempo, si es que reconocemos que el hecho de haber escrito la primera produce un mínimo de percepción. Pero eso, poco ha de importaros….Seguid escribiendo cuanto queraís….Si el silencio amenaza, debido a que habéis cometido una falta, falta que podemos llamar “falta de inatención”, interrumpid sin la menor vacilación. A continuación de la palabra que os parezca de origen sospechoso poned una letra cualquiera, la letra l, por ejemplo, siempre la l, y al imponer esta inicial a la palabra siguiente conseguiréis que de nuevo vuelva a imperar la arbitrariedad”.
Es evidente que las indicaciones tienden a advertir al escritor sobre la posibilidad de caer en el lugar conocido y estructurado, tanto es así que lo que remarca es la “falta de inatención”, ya que es la conciencia alerta y atenta la que amenaza el producto surrealista que se busca generar.
Para ejemplificarlo, voy a leer un texto, también de André Breton, que aparece en el “Manifiesto Surrealista” y que titula “Pez soluble”. Como ven ya en el título aparece algo incómodo para nuestra comprensión. Pensar que un pez pueda ser soluble, nos obliga, para vencer la contradicción, a pensar otras soluciones solubles, pues un pez soluble en agua es un pez que desaparece en su propio hábitat, desaparece al existir.
El texto dice así:
“Los pájaros pierden primero los colores, después las formas. Quedan reducidos a una existencia arácnida tan engañosa que arrojo mis guantes a lo lejos. Mis guantes amarillos con ribetes negros, caen en una llanura dominada por un frágil campanario. Entonces me cruzo de brazos y acecho. Acecho las risas que surgen de la tierra e inmediatamente florecen en forma de umbelas. Ha llegado la noche parecida al salto de una carpa en la superficie de un agua violeta y los extraños laureles se entrelazan en el cielo que desciende del mar. Alguien ata un haz de ramas inflamadas en el bosque y la mujer o hada que lo carga en los hombros parece volar ahora, en tanto que las estrellas de color de champaña se inmovilizan. La lluvia comienza a caer; es una gracia eterna que ostenta los más tiernos reflejos. En una sola gota se ve el paso de carromatos lilas por un puente amarillo mientras en otra, que se adelanta, se ve una vida ligera y algunos crímenes de posada. Hacia el sur, en una ensenada, el amor sacude sus cabellos llenos de sombra y se ve un barco propicio que circula sobre los techos. Pero los aros de agua se quiebran uno a uno y sobre el alto fajo de paisajes nocturnos se posa la aurora con un dedo. La prostituta comienza su canto más apartado que un arroyo fresco en el país del Ala clavada; pero a pesar de todo tan solo es ausencia. Un auténtico lirio elevado a la gloria de los astros deshace los muslos de la combustión que despierta y el grupo que forman parte para el descubrimiento de la ribera. Pero el alma de la otra mujer se cubre de plumas blancas que la abanican suavemente. La verdad se apoya en los juncos matemáticos del infinito y todo avanza al mando del águila ecuestre, mientras el genio de las flotillas vegetales golpea en sus manos y el oráculo es revelado por peces eléctricos fluidos”.
Acá uno dice ¡”Basta!!, que pare porque ya es imposible. Este texto es parte del Manifiesto que escribe el propio Breton, y lo que importa es que quede claro, por lo menos en la sonoridad de las palabras, la idea de que sería como un sueño, es decir, lo que ahí aparece sería como un sueño, uno tendría que hacerlo trabajar y ver que cosas se nos van ocurriendo con algunas de los elementos que aparecen en el relato, y poder acercar una significación que va a ser singular, propia de cada lector. O sea que acá puede haber miles de lectores porque puede haber distintas interpretaciones o miles de lecturas posibles de un texto abierto a todos los sentidos posibles. Esto es básicamente lo que pretendía la escritura automática, es decir, hacer que cualquier metáfora pueda tener cabida con relación a lo que está desarrollado, pero para nuestro pensamiento preconciente-conciente, para nuestra lógica racional, es un texto molesto, llega un momento en que ya no se lo puede seguir sosteniendo, se pierde el interés, y se cae la atención.
Uno puede disfrutar de que son palabras, que tienen gramática, que tienen cierta estructura, pero no son más que palabras, palabras que resuenan o no, es decir, pueden en determinado momento producir este agotamiento de la razón que hace que uno diga: “!Basta!!, yo no sigo leyendo esto”, es decir, no puedo seguir sosteniendo la lectura. El objetivo de los escritos producidos por el método de escritura automática, es generar este efecto, es decir, el efecto del rechazo, de la incomprensión, y en algunas mentes más abiertas, más creativas puede aparecer la posibilidad de jugar y de crear imágenes, sostener sensaciones en relación a algunos significantes, etc. El relato no está hecho para ser comprendido, todo lo contrario, es decir, está hecho en contra de la comprensión y del razonamiento. Por eso decimos que los surrealistas tomaban la idea del sueño tal como la plantea el psicoanálisis, para poder hacer algo con relación a la cultura, algo transformador relacionado con la cultura, y su hipótesis es que eso debía venir del más allá de la conciencia, de lo primitivo reprimido pulsional.
La clase próxima vamos a trabajar otros conceptos relacionados con esta vanguardia para llegar a la conceptualización precisa de la “imagen surrealista”.
Bibliografía: Freud, Sigmund. “La interpretación de los sueños”. Cap. VI, “Material y
fuentes de los sueños”. O. Completas. Tomo I. Edit.
Biblioteca Nueva.
De Micheli, Mario. “Las vanguardias artísticas del siglo XX”. Alianza Forma.
Breton, André y otros. “La poesía surrealista”. Antología. Centro Editor de A.
Latina.
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Prof. Lic. Héctor DEPINO
Lo que vamos a trabajar hoy, tiene que ver con temas que ya han leído así que no van a resultar completamente nuevos. Partiendo de una definición que a nosotros nos interesa que tengan en claro, que es que lo que llamamos inconsciente, es decir lo que llamamos la estructura que determina la explicación de nuestros actos, este sistema o estructura, este inconsciente decimos que está estructurado como un lenguaje. Decir que el inconsciente esta estructurado como un lenguaje, no lo equipara al lenguaje, sino que, no hay inconciente sin el lenguaje. Esto implica entonces, que el lenguaje y la estructura del lenguaje le permiten a este sistema inconsciente manifestarse, de forma tal que nosotros podemos acceder a esa “otra escena” que para la conciencia está irremediablemente oculta o perdida. Esta otra escena, la otra escena del inconsciente, implica este sentido oculto, esta significación a descifrar y eso solo es posible por que el lenguaje otorga la posibilidad de acceder a sus significaciones. Entonces el deseo en tanto deseo inconsciente, el deseo para acceder a un nombre, por decirlo de alguna forma, necesita del lenguaje. Freud trabaja fundamentalmente este hecho a partir de la hipótesis central que arma todo un extenso libro de su obra, que es el libro dedicado a los sueños en donde afirma que todo sueño es “realización de un deseo”, y utiliza la idea de que realización no es cumplimiento, no es que en el sueño se cumple el deseo sino que en el sueño hay un nombre para ese deseo. Pasa a ser “deseo de...”, la escena fantasmática le da cuerpo, como cuando decimos que “algo cobra cuerpo”, que significa que se materializa o sustancializa. En el caso del deseo, se relaciona con una representación. Cuando hablamos de escena fantasmática, nos referimos a la fantasía en tanto, en el sueño, presta personajes y acciones para poder vehiculizar al deseo. Aunque la posición del “sujeto” que vive su “ensoñación diurna” (la fantasía durante la vigilia) es en primera persona, mientras que en el inconsciente, no hay “subjetivación”, el sujeto forma parte de la escena. La fantasía inconciente va a tener una forma impersonal casi siempre. Por lo tanto lo que plantea Freud es que el sueño es el camino directo para acceder a esa otra escena oculta que es la del Inconsciente. ¿Por qué?, Porque fundamentalmente el sueño trabaja con las condiciones que le da el lenguaje para producir, vía las formas retóricas del lenguaje que son la metáfora y la metonimia, sentidos a ese deseo, trabaja para darle sentido a ese deseo, significaciones. Por lo tanto podemos pensar que cualquier significación del inconsciente es una metáfora. Es una transformación que le otorga un sentido otro. Hay diferencia entre lo que sería la formación del sueño y la formación del síntoma. Si bien decimos que todas las formaciones del inconsciente comparten la estructura del síntoma en tanto denuncian la existencia del deseo pero al mismo tiempo lo ocultan, el síntoma arma una metáfora que se rigidifica, que queda única, que se encierra, mientras que el sueño produce nuevas significaciones permanentemente, o sea soñamos permanentemente, es como decir el síntoma se arma de una vez y queda sostenido como síntoma, queda en una dimensión fija, mientras que las otras formaciones del inconsciente, si bien tienen la misma estructura que permite su producción, no es que soñemos una vez y después ese sueño va a ser el mismo para siempre, sino que todas las noches tenemos sueños diferentes, pero lo que sí importa, es que el sueño, igual que el síntoma es metáfora, es decir es sustitución, es un sentido en lugar de otro, otro que tal como nosotros lo planteamos es inaccesible, es oculto. La hipótesis entonces es que el sueño nos da datos de este inconsciente en tanto oculto y Uds. ya saben que, si es oculto es por que es reprimido, y si es reprimido es por que implica experiencias infantiles rechazadas por la conciencia. Freud dice entonces que, por el sueño podemos acceder a “eso de lo reprimido”, digo “eso” de lo reprimido porque no es que podamos encontrar una significación única, sino una significación múltiple. Y si la hipótesis de lo reprimido implica que no hay inconciente sin represión, implica que el acceso a lo reprimido no puede ser sin represión. Porque si no, podemos ilusionarnos con la idea de que el sueño trabaja y nos muestra el deseo reprimido y nosotros hacemos el recorrido inverso y accedemos a eso reprimido sin ningún tipo de dificultad. La hipótesis del inconsciente implica que el inconsciente no puede, porque tiene que ver con lo reprimido, no puede manifestarse abiertamente, no puede manifestarse sin ocultamientos y estos ocultamientos, en sentido amplio, nosotros lo nombramos represión. Freud en el libro de los sueños, (“La interpretación de los sueños”, 1901), trabaja muchos ejemplos de sueños, que le son relatados, o de sueños propios. En principio a él le interesa trabajar con sueños propios o sueños relatados porque cree que puede hacer una diferencia entre los sueños que tenemos los seres humanos por el hecho de ser seres hablantes y los sueños de los enfermos neuróticos. Nosotros a esta altura pensamos que es imposible hablar de un ser humano absolutamente normal, un ser humano absolutamente sano, porque por la hipótesis que hemos establecido, no hay un ser humano que pueda no tener inconsciente, y por lo tanto si tiene inconsciente seguro que va a producir algún tipo de síntomas, lo que pasa es que aquel que nosotros definimos como neurótico es aquel que padece por sus síntomas o sus síntomas le producen sufrimiento. Pero todos nosotros tenemos síntomas, síntomas que son adaptativos, síntomas que nos sirven para vivir, entonces no habría diferencia entre el sueño de un neurótico, y el sueño de un normal o de un sano, pero Freud en ese momento como está en el comienzo de su teoría quiere hablar de sueños que en principio no puedan ser catalogados como sueños de enfermos para poder decir entonces que eso le pasa a los enfermos y no a todo el mundo. Entonces él lo que hace es trabajar con todo el mundo, es decir con los que él cree que son sanos, en primer lugar él mismo. De estos ejemplos nosotros habitualmente trabajamos un sueño que se ha convertido en un clásico y que tiene como título: “El sueño de la monografía botánica “. El sueño es un sueño muy chiquito, muy poco llamativo, pero lo que tiene de atractivo es que Freud se ocupa de un sueño de esos que habitualmente uno olvida rápidamente, y lo pone a trabajar, para hacerle decir esa significación, ese sentido, que aparece enigmático, velado u oculto. El texto del sueño, el relato del sueño, son algunas frases en las cuales él dice, recuerda, que “ha escrito la monografía de una planta”, “que tiene ante él (es la forma en que relata el sueño que ha experimentado durante la noche) un libro abierto con una lámina en colores que representa a modo de herbario”, dice, “un espécimen disecado de la planta”, esto es el relato que puede hacer de esa experiencia que ha tenido durante el dormir y los restos que aparecen como recuerdo de ese sueño, restos que evidentemente lo llevan a nombrar a él, o a quienes leemos ese sueño como “el sueño de una monografía botánica”, obviamente es lo que él se plantea. Como es parte de la hipótesis que, si el sueño es sueño, y ha trabajado con la única energía que puede tener el psiquismo que es la energía del deseo inconsciente, va a decir que el sueño tiene alguna significación, “me quiere decir algo”, envía un mensaje. Por supuesto que esta forma de pensar el sueño no es una forma novedosa. Desde el comienzo de los tiempos, en la tradición judeo – cristiana, el sueño aparece siempre como un mensaje. Pero a diferencia de la modernidad, en la antigüedad el sueño era el mensaje divino que utilizaba como vehículo a algún humano para transmitir sus órdenes, sus leyes, sus indicaciones. Por eso el sueño clásico, el sueño bíblico, el sueño de las 7 vacas gordas y de las 7 vacas flacas, el sueño del faraón, (está escrito en la Biblia), es el sueño en el cual Dios transmite una determinada información para el pueblo egipcio a través de su líder, es decir el faraón. En la modernidad a partir de Freud, el mensaje ya no es de la divinidad, ya no es Dios el que envía el mensaje sino que es el inconsciente. El deseo en tanto deseo inconsciente. Por lo tanto Freud dice si yo tengo ésto, algo quiere decir, como hizo con los síntomas histéricos, si esto aparece algo quiere decir, pero algo quiere decir es que no es algo obvio, algo evidente. Por lo tanto, lo primero que se le ocurre decir, es que, durante el día anterior se ha cruzado con un científico, un médico vienés, (Köningstein), en una de sus caminatas por la ciudad, que le representa a él, el enjuiciamiento por haber abandonado sus investigaciones científicas. Su amigo le dice: “te dejas llevar de la fantasía”. Ustedes saben que Freud antes de dedicarse al psicoanálisis fue neurólogo y se ocupaba de investigar los efectos narcotizantes de la cocaína. De ahí que ciertas versiones lo nombren como cocainómano. No es que realmente Freud haya sido adicto a la cocaína, estudió el efecto, junto con un oculista, para hacer operaciones de glaucoma, que luego abandonó para comenzar sus investigaciones sobre el psiquismo. Por lo tanto, volviendo al sueño, la primera idea que le surge a Freud es yo soñé esto para recuperar mi autoestima, para decirle a la sociedad científica que estoy haciendo cosas serias y no estas vanalidades de dedicarme a pensar en los sueños “. Lo digo así, porque evidentemente en ese momento científico de comienzo del siglo pasado y fines del anterior, para la ciencia médica, tratar de encontrar sentidos ocultos a los síntomas histéricos o tratar de darle significación a los sueños era algo muy poco serio. Freud dice ( y esa es la valentía de la condición creativa de Freud), que, hacer un sueño para taparle la boca a un colega no se justifica, ya que la hipótesis central es que todos los deseos a los que podemos acceder concientemente o sea que están preconcientes, deben sumar la energía de deseos más ocultos, deseos del orden del inconsciente reprimido, por lo tanto dice que tiene que haber más. Esto lo lleva a seguir investigando en las condiciones en las cuales este sueño pudo aparecer. Sigue prestando atención a lo que conocemos como “resto diurno”. Los restos diurnos son las cosas que han aparecido o se han producido durante la vigilia anterior y que pueden no tener ningún sentido, o bien pueden tener una significación absolutamente anodina, y que no obstante, motoriza la producción del sueño. Recuerda entonces que durante la vigilia se ha encontrado con un matrimonio de apellido “Gärtner”.
Gärtner en alemán quiere decir jardinero y al charlar con este matrimonio surge el nombre de una ex paciente de Freud conocida de este matrimonio que simpáticamente se llama Flora. Con la idea de Flora a él le aparece en algún momento el recuerdo de que en esa conversación él hace un cumplido a la señora Gärtner y le dice que se la ve floreciente. Acá aparece la dimensión clara del sin sentido o del doble sentido o del malentendido que implica toda palabra. O sea, acá hablamos de un apellido que remite a jardinero, un nombre que remite a la botánica, un cumplido que refuerza la dimensión de lo botánico. Jardinero, Flora, floreciente; con sentidos completamente diferentes. En ningún momento se esta hablando de algo botánico verdaderamente. Le interesa entonces, al encontrarse con estas asociaciones de ideas, avanzar por la vía de lo botánico. Recuerda, y esto porque ya aparece un sentimiento más oculto, un sentimiento de culpabilidad, podríamos decir, recuerda que hace mucho tiempo que no le trae flores a su mujer. Las flores preferidas de su mujer son los ciclámenes. Asocia esta idea al hecho de que su mujer si le prepara a él su plato preferido que también es un vegetal, alcauciles. Al dejarse llevar por sentidos posibles, liberarse de toda crítica, todo raciocinio, aparecen significantes, es decir palabras que se van conectando porque se supone que ya están conectadas. La idea de la asociación libre es hacer que las conexiones que se han producido en el trabajo del sueño puedan emerger. Por lo tanto, llega a los alcauciles y se detiene en el hecho particular de que, éstos para ser ingeridos, deben ser deshojados como una flor, arrancando sus pétalos para ser comidos. Arrancar los pétalos de cualquier flor, u hojas de una rama de cualquier planta deja aparecer nuevamente un doble sentido, ahora, entre las hojas de los árboles y las de los libros; utilizamos el mismo significante, la misma palabra para nombrar dos cosas absolutamente distintas, en todo caso, dos cosas que pueden ser arrancadas de su matriz o de donde estén adjuntas, fijas o pegadas. La idea de arrancar hojas de un libro, lo lleva a recordar una escena infantil en la cual junto con su hermana arranca las hojas de un libro de imágenes en colores de un viaje a Persia. Y aparece esto ya como “un recuerdo infantil”, un “recuerdo encubridor”, que le trae sensaciones muy placenteras, las sensaciones que puede tener un chiquito de hacer algo prohibido. A todos los chiquitos les gusta romper libros, o juguetes, porque es resultado de una pulsión de conocimiento, de descubrimiento, no de destrucción, pero se aprende que la cultura reprime estas conductas, saben que no pueden porque se los reprime. La idea de romper, de deshojar un libro es algo que se relaciona con una sensación de voluptuosidad. Si utilizamos el término del sueño de Toulouse Lautrec. Así Freud se aleja bastante de la idea de escribir un libro para que la sociedad científica lo aplauda y aparece una situación mucho más placiente, mucho más cerca de la satisfacción pulsional o sexual de descarga, en hacer algo que motrizmente produce un efecto. Ahí se detienen las asociaciones de Freud, quiere decir que actúa nuevamente la dimensión de lo reprimido. El mecanismo de la represión obliga a desviarse hacia otra línea asociativa, ya no se le ocurre otra idea sobre lo anterior, y se pierde totalmente la línea botánica, ya que surge la idea de otro libro que es una Biblia, que su padre le ha regalado en su adolescencia. Comienzan así los recuerdos de que en esta etapa Freud tenía una afición por los libros que lo había llevado a endeudarse teniendo que recurrir a la ayuda de su padre para poder saldarlas. Junto con la Biblia, surge otro recuerdo en el cual su padre al entregarle este libro le dice que es un regalo muy preciado para él porque ese libro es lo más valioso que él tiene más allá de la relación con su madre. Lo que le ocurre a Freud es que su padre le dice: “te doy lo más valioso después de tu madre”, con lo cuál ahí aparece claramente la posibilidad de que en ese poseer un libro haya algo de poseer a la madre, Poseer en el doble sentido que nosotros utilizamos, de penetrar y apropiarse, sentidos que se encuentran en nuestra lengua. Poseemos cosas en el momento en que nos apropiamos de ellas, pero también el poseer es tener intimidad o contacto sexual. Freíd no llega a esta idea. Esto es algo que hacemos nosotros a los fines de la ejemplificación. Freíd no puede llegar a decir: “yo tengo ese libro que es tan valioso como mi madre y que está al lado de mi madre, luego, yo poseo ese libro, poseo a mi madre”, no llega a eso, la idea incestuosa no es posible concientemente. Ninguno de nosotros podría llegar a una cuestión así, por lo menos no sin un psicoanálisis, es una hipótesis teórica, pero nadie tiene convencimiento al respecto. Nuestra propia represión rechaza estas ideas. Hay detenimiento, hay represión, hay imposibilidad de avanzar en esas lineas asociativas, pero a nosotros lo que nos interesa es que les quede claro que el trabajo del sueño se apodera de estas condiciones del lenguaje para producir significaciones. Significaciones que se van ocultando al mismo tiempo que van apareciendo, y que en el camino inverso hay posibilidades de ir descubriendo lo oculto, pero no sin dificultades. Esto importa porque si no vamos a creer que hacer el camino inverso de un sueño es descubrir el deseo inconciente reprimido allí, jugado sin ningún tipo de velamiento, de ocultamiento. Me interesa también que quede clara la idea de que las asociaciones, en este caso de Freud, pero en general, siguen un recorrido que utiliza la metáfora de las arborizaciones en el sentido botánico, en el sentido de cómo crece una planta, un árbol, que va abriendo ramas, complejizándose a partir de un tronco, o en el sentido de las cuerdas de un paracaídas que, divergen o convergen, según el sentido, hacia un centro, es decir que las relaciones se van aproximando hacia un centro, un núcleo, que es el núcleo del sueño. En estas asociaciones del soñante Freud, el sentido va tomando un caríz distinto, un significado de índole sexual, muy diferente al de comienzo.
Todo sueño tiene un núcleo irreductible, a ese núcleo irreductible Freud lo llamó: ombligo del sueño, es algo a lo que no se puede acceder, o sea que permanece oculto, como sin significación posible. A este ombligo del sueño, si le queremos dar una significación posible, ya lo he dicho otras veces, para que quede claro, es la relación incestuosa con la madre, en tanto imposible, sólo está allí como motor de realizaciones sustitutivas. En este sueño aparece también una serie de sustituciones, o asociaciones con el significante: “herbario”; aparece una referencia clara a otro recuerdo de adolescencia donde él debe limpiar un herbario que está contaminado por esos gusanos que suelen aparecer ahí, como “apolillado”, diríamos, y lo interesante es que la palabra alemana para nombrar a ese gusano, es “Bücherwurm”, que es una palabra, como diría el autor de “Alicia en el País de las Maravillas”, Lewis Carroll, una “palabra maletín”, referido a las palabras que tienen más de una significación que se utilizan en más de un sentido. Bueno, este término se utiliza en otro sentido, en un sentido más vulgar que es lo que en nuestra lengua se traduciría como “rata de biblioteca”, eso es algo que en la transliteración es muy difícil, no se puede trabajar con distintas lenguas y hacer traducciones, porque las lenguas tienen estructuras propias, por eso es que en general trabajamos con la lengua materna.
Cada uno de nosotros sueña en la lengua materna, es decir, no sueña en japonés o alemán, si es que no es la lengua original en la cuál se ha inscripto en la vida. Por eso digo que para el alemán este término que nombra al gusano del herbario es algo que sirve para hablar de rata de biblioteca, que es algo que nosotros entendemos como esas personas a las que les gusta mucho la lectura y que se la pasan en las bibliotecas devorando libros.
Es por eso que aparece esta idea del herbario, vía otra serie de asociaciones. Lo que es la segunda parte del sueño, ya no es la idea de la monografía botánica, de la lámina de colores, sino la idea, por el significante asociado al herbario que lo acerca a “comer” metafóricamente un libro, devorar un libro y al recuerdo de que él tomó ese regalo del padre, la Biblia, con tanto entusiasmo que lo devoró, se lo tragó, es decir lo leyó muy rápido y con muchas ganas, muy entusiasmado. Habitualmente uno utiliza esa expresión, “me lo tragué”, pero obviamente ya ustedes ven ahí que, en esta cuestión del lenguaje, hablar de devorar un libro es algo que tiene mas que ver con una satisfacción pulsional que con una actividad intelectual. Importa que quede claro esto, el sueño trabaja así con representaciones, que la palabra permite mostrar al mismo tiempo que ocultar, uno puede hablar de “rata de biblioteca” y no por ello tiene que estar cerca de devorar el libro, que es el libro próximo a la madre, devorar a la madre, estar junto con la madre, poseer a la madre, etc. Se dan cuenta que hay una libertad en este tipo de trabajo que está producido por las condiciones mismas del lenguaje.
El producto del sueño convierte a ese trabajo en algo absolutamente original y creativo. Esto despertó gran interés, en distintos momentos históricos, especialmente en los artistas que siempre se propusieron realizar producciones creativas, y a partir del sueño generar productos transformadores de la cultura.
El artista, a diferencia del neurótico, el artista o el científico, aquel que se dedica a la producción en cultura, transforma la cultura, a diferencia del neurótico, y ojo porque podemos decir que un artista también es neurótico, un neurótico también es artista o sea, podríamos decir que en la parte neurótica del artista, el deseo inconsciente produce síntomas, en la parte creativa del neurótico, el deseo inconsciente produce obras, creaciones. En la parte neurótica, el síntoma es adaptación. En la parte creativa, la producción es transformación. Por lo tanto podemos decir que, neuróticamente podemos hacer un síntoma, como los que describe Freud, por ejemplo poner cortinas en las ventanas para no dejar ver esa intimidad que debe ocultarse por condiciones de civilización. O sea, ponemos cortinas porque hemos aprendido civilizadamente que la desnudéz, en determinados momentos y en determinadas circunstancias, se convierte en algo juzgable, rechazable y condenable para cierta sociedad. Entonces, andar desnudo por la calle es algo que no está bien, no es que no se pueda; mostrar la desnudéz con ventanas abiertas al público no está bien, no es que no se pueda, y poner cortinas para que eso sea algo que no se vea, está bien para la civilización, para la cultura. Por supuesto que hay variables, pero lo que estoy tomando es un ejemplo genuino, por eso utilizamos cortinas, por eso es que hacemos este doble ejercicio de abrir lugares para la luz y de ocultarlas para la mirada de los otros; eso es un síntoma. Sobre las cortinas habrá diseñadores, habrá quienes inventen diseños, texturas, formas, modelos, etc. Los que van a aportar un “plus”, que va a ser un “plus” de transformación. Este plus de transformación tiene que ver con modificar las reglas de la cultura. También el desnudo puede ser transformado con un “plus” estético y aparecer en el ámbito de la cultura transformando hábitos, es el caso de las modas, y es el caso del arte.
Me interesa que quede claro que el síntoma es para hacerle caso a la civilización, mientras que el arte, si quiere crear algo nuevo, no puede hacerle caso a la civilización o a la cultura, el arte tiene que transformar la cultura, sino repetiríamos lo que a la cultura ya le gusta y adoptó como propio. La cultura es muy rápida, es una manera de decir, en apropiarse de lo nuevo, de las creaciones artísticas y convertirlas en hechos culturales, con lo que les quita rápidamente lo original y transformador. Esta es la razón por la cuál durante todo el desarrollo del arte, de la creación y de la producción creativa en general, siempre ha aparecido en el artista la necesidad de obtener maneras para transformar su obra de forma tal que produzca algo nuevo en la cultura. A esas producciones en el comienzo del siglo pasado se las llamó producciones de vanguardia, y de los movimientos de vanguardia del siglo pasado que vamos a trabajar, porque están relacionados al tema específico del psicoanálisis que son los sueños, vamos a prestar atención a la que se agrupó en torno al nombre de Surrealismo. ¿Porqué nos interesa el Surrealismo?. Los surrealistas, es decir los miembros del movimiento, vivieron contemporáneamente a las investigaciones que sobre el psiquismo hizo S. Freud, tanto en relación a la producción escrita de este autor como a la relación directa con otro psicoanalista, en este caso francés, es decir cohabitante del Paris de la creación artística. Los surrealistas toman el libro de los sueños de Freud, el mecanismo del trabajo del proceso onírico, y toman la originalidad de la creación que hace su autor, lo que el llama “asociación libre”, como manera de acceder al deseo inconsciente reprimido, y lo toman como modelo para la producción de una idea nueva, transformadora para la cultura.
Básicamente, si consideran que la cultura reprime, y reprime los deseos inconscientes en su manifestación, es decir en tanto “retornos de lo reprimido”, ésto va a producir incomodidad a la cultura, y si va a producir incomodidad a la cultura quiere decir que la va a transformar. Por lo tanto el sueño es transformador, pero como no podemos trabajar como trabaja el sueño, que es el trabajo espontáneo del inconsciente, lo hacemos en el sentido contrario o más bien complementario, es decir, como trabaja la “asociación libre”. Es lo que hace que los surrealistas asocien libremente para acceder a la “idea surrealista” con que luego van a motorizar su producto, idea surrealista que puede aparecer en el orden de lo literario como en el orden de lo cinematográfico, en el sentido de la imagen en movimiento, o en el orden de la imagen fija, las representaciones plásticas que nosotros conocemos como producto de los pintores surrealistas. En general son las áreas más investigadas por estos artistas, y cuyos productos son vigentes en la actualidad de la cultura.
El Surrealismo nace entonces como un movimiento cuya hipótesis central sería “transformar, irritar, molestar la cultura”, en tanto cultura es el “orden establecido”, como suele decirse, “la comodidad burguesa”. Entonces, molestar a la cultura con aquello que más la molesta porque lo tiene que ocultar o disimular, algo así como, poner en juego lo más pulsional que pueda aparecer, quitemos las cortinas, demos a ver lo que habitualmente uno no quiere ver o teme ver, o lo que inquieta ver, y vamos a obtener, tal como ellos lo plantean, productos absolutamente “rechazables”, o “indigeribles”, o de difícil aceptación, esta idea es importante, porque el rechazo, como la represión en su dimensión inconsciente, sancionan el valor de algo como original o “distinto”. Un producto no rechazable es un producto ya conocido, ya reconocible, y por lo tanto hecho propio por la cultura, es algo que ya ha debido transformarse en un síntoma. Por eso es que de las producciones que vamos a ver, la cinematográfica que realiza Luis Buñuel junto con Dalí, que se conoció como “El perro andaluz”, y que es un film breve, de veinte minutos, es una producción que ataca directamente al ojo del observador. La primera imagen de esta película está sostenida por la de un sueño que tiene Buñuel y que le cuenta a Dalí, en que observa “como una nube atraviesa la luna en tanto que una hoja de afeitar corta un ojo”. La primera escena fílmica, insisto, es esta imagen, es el propio Buñuel quien actúa, con la particularidad de sus ojos exoftálmicos, mirando la luna que va siendo atravezada por la nube, mientras que el toma el párpado de la actriz que está sentada en una silla delante de él, y corta con una navaja el globo ocular. La imagen es repulsiva, revulsiva, es muy molesta, muy incómoda. Lo que buscaron, por supuesto, es eso, con esta idea-imagen, producir algo que irrite, que moleste, que transforme, que cuestione lo establecido. Cuenta Buñuel que ocurrió algo diferente a lo esperado cuando el estreno de la película, una película que tiene una serie de secuencias imposibles de ser traducidas a un lenguaje formal, conciente, a una lógica conciente, entendible, cuando se estrena, la gente aplaude “a rabiar” (comenta S. Dalí), y entonces Buñuel, como él lo describe en su autobiografía, que estaba detrás de la pantalla de proyección, con piedras o cascotes, preparado para defenderse porque suponía que lo iban a agredir, a “linchar”, al escuchar los aplausos, se irrita de tal manera que quiere prender fuego a las copias de la película. En contra del rechazo y el desagrado, los aplausos son índice evidente del fracaso más rotundo de la intención surrealista. Por suerte se lo impidieron y podemos seguir viendo hoy la película. Por otra parte, Dalí defiende el valor transgresor del producto, atacando al público, diciendo que “la gente aplaude por todo lo que no entiende, en una actitud snob, que al no estar preparada para soportar lo nuevo, transforma lo nuevo en algo ya conocido, que puede ser, lo establecido (satus quo), en donde también se puede incluir el arte”. Decir: “es arte”, es también una manera de despojar al hecho de lo agresivo que implica todo lo cuestionador y novedoso, “es un hecho artístico”, nos tranquiliza y le borra el interrogante o cuestionamiento que lleva implícito o explícito.
El mecanismo de asociación libre generador de un producto nuevo, es lo que en la literatura surrealista se conoció como “escritura automática”, y es la forma en la que el creador del movimiento, André Breton, un poeta, define el mecanismo por el que se arriva al producto literario. Da indicaciones sobre los momentos oportunos, el despertar, cuando hay menos presión de la lógica despierta, mayor relajamiento de lo motríz y la conciencia mas adormecida, la actitud, las posturas, y el método. Aconseja escribir sin cuestionar de forma tal que lo que vaya apareciendo sea sin ningún tipo de lógica preestablecida, sin explicación y sin ninguna posibilidad de ser fácilmente entendible.
En el “Primer Manifiesto Surrealista”, André Breton dice: “ordenad que os traigan recado de escribir, después de haberos situado en un lugar que sea lo más propicio posible a la concentración de vuestro espíritu, al repliegue de vuestro espíritu sobre sí mismo. Entrad en el estado más pasivo, o receptivo, de que seaís capaces. Prescindid de vuestro genio, de vuestro talento, y del genio y del talento de los demás. Decíos hasta empaparos de ello que la literatura es uno de los más tristes caminos que llevan a todas partes. Escribid deprisa, sin tema preconcebido, escribid lo suficientemente deprisa para no poder refrenaros, y para no tener la tentación de leer lo escrito. La primera frase se os ocurrirá por sí misma, ya que en cada segundo que pasa hay una frase, extraña a nuestro pensamiento conciente, que desea exteriorizarse. Resulta muy difícil pronunciarse con respecto a la frase inmediata siguiente; esta frase participa, sin duda, de nuestra actividad conciente y de la otra, al mismo tiempo, si es que reconocemos que el hecho de haber escrito la primera produce un mínimo de percepción. Pero eso, poco ha de importaros….Seguid escribiendo cuanto queraís….Si el silencio amenaza, debido a que habéis cometido una falta, falta que podemos llamar “falta de inatención”, interrumpid sin la menor vacilación. A continuación de la palabra que os parezca de origen sospechoso poned una letra cualquiera, la letra l, por ejemplo, siempre la l, y al imponer esta inicial a la palabra siguiente conseguiréis que de nuevo vuelva a imperar la arbitrariedad”.
Es evidente que las indicaciones tienden a advertir al escritor sobre la posibilidad de caer en el lugar conocido y estructurado, tanto es así que lo que remarca es la “falta de inatención”, ya que es la conciencia alerta y atenta la que amenaza el producto surrealista que se busca generar.
Para ejemplificarlo, voy a leer un texto, también de André Breton, que aparece en el “Manifiesto Surrealista” y que titula “Pez soluble”. Como ven ya en el título aparece algo incómodo para nuestra comprensión. Pensar que un pez pueda ser soluble, nos obliga, para vencer la contradicción, a pensar otras soluciones solubles, pues un pez soluble en agua es un pez que desaparece en su propio hábitat, desaparece al existir.
El texto dice así:
“Los pájaros pierden primero los colores, después las formas. Quedan reducidos a una existencia arácnida tan engañosa que arrojo mis guantes a lo lejos. Mis guantes amarillos con ribetes negros, caen en una llanura dominada por un frágil campanario. Entonces me cruzo de brazos y acecho. Acecho las risas que surgen de la tierra e inmediatamente florecen en forma de umbelas. Ha llegado la noche parecida al salto de una carpa en la superficie de un agua violeta y los extraños laureles se entrelazan en el cielo que desciende del mar. Alguien ata un haz de ramas inflamadas en el bosque y la mujer o hada que lo carga en los hombros parece volar ahora, en tanto que las estrellas de color de champaña se inmovilizan. La lluvia comienza a caer; es una gracia eterna que ostenta los más tiernos reflejos. En una sola gota se ve el paso de carromatos lilas por un puente amarillo mientras en otra, que se adelanta, se ve una vida ligera y algunos crímenes de posada. Hacia el sur, en una ensenada, el amor sacude sus cabellos llenos de sombra y se ve un barco propicio que circula sobre los techos. Pero los aros de agua se quiebran uno a uno y sobre el alto fajo de paisajes nocturnos se posa la aurora con un dedo. La prostituta comienza su canto más apartado que un arroyo fresco en el país del Ala clavada; pero a pesar de todo tan solo es ausencia. Un auténtico lirio elevado a la gloria de los astros deshace los muslos de la combustión que despierta y el grupo que forman parte para el descubrimiento de la ribera. Pero el alma de la otra mujer se cubre de plumas blancas que la abanican suavemente. La verdad se apoya en los juncos matemáticos del infinito y todo avanza al mando del águila ecuestre, mientras el genio de las flotillas vegetales golpea en sus manos y el oráculo es revelado por peces eléctricos fluidos”.
Acá uno dice ¡”Basta!!, que pare porque ya es imposible. Este texto es parte del Manifiesto que escribe el propio Breton, y lo que importa es que quede claro, por lo menos en la sonoridad de las palabras, la idea de que sería como un sueño, es decir, lo que ahí aparece sería como un sueño, uno tendría que hacerlo trabajar y ver que cosas se nos van ocurriendo con algunas de los elementos que aparecen en el relato, y poder acercar una significación que va a ser singular, propia de cada lector. O sea que acá puede haber miles de lectores porque puede haber distintas interpretaciones o miles de lecturas posibles de un texto abierto a todos los sentidos posibles. Esto es básicamente lo que pretendía la escritura automática, es decir, hacer que cualquier metáfora pueda tener cabida con relación a lo que está desarrollado, pero para nuestro pensamiento preconciente-conciente, para nuestra lógica racional, es un texto molesto, llega un momento en que ya no se lo puede seguir sosteniendo, se pierde el interés, y se cae la atención.
Uno puede disfrutar de que son palabras, que tienen gramática, que tienen cierta estructura, pero no son más que palabras, palabras que resuenan o no, es decir, pueden en determinado momento producir este agotamiento de la razón que hace que uno diga: “!Basta!!, yo no sigo leyendo esto”, es decir, no puedo seguir sosteniendo la lectura. El objetivo de los escritos producidos por el método de escritura automática, es generar este efecto, es decir, el efecto del rechazo, de la incomprensión, y en algunas mentes más abiertas, más creativas puede aparecer la posibilidad de jugar y de crear imágenes, sostener sensaciones en relación a algunos significantes, etc. El relato no está hecho para ser comprendido, todo lo contrario, es decir, está hecho en contra de la comprensión y del razonamiento. Por eso decimos que los surrealistas tomaban la idea del sueño tal como la plantea el psicoanálisis, para poder hacer algo con relación a la cultura, algo transformador relacionado con la cultura, y su hipótesis es que eso debía venir del más allá de la conciencia, de lo primitivo reprimido pulsional.
La clase próxima vamos a trabajar otros conceptos relacionados con esta vanguardia para llegar a la conceptualización precisa de la “imagen surrealista”.
Bibliografía: Freud, Sigmund. “La interpretación de los sueños”. Cap. VI, “Material y
fuentes de los sueños”. O. Completas. Tomo I. Edit.
Biblioteca Nueva.
De Micheli, Mario. “Las vanguardias artísticas del siglo XX”. Alianza Forma.
Breton, André y otros. “La poesía surrealista”. Antología. Centro Editor de A.
Latina.