jueves, 9 de abril de 2009

Teórico Nro. 3:
16 – 4- 2002
Prof.: Lic. Héctor DEPINO



Y entre otras cosas, la importancia que tiene para la teoría, que puede tratar de explicar los fenómenos psicológicos, -por supuesto lo pensamos en el orden de lo humano, de la conceptualización de que estos fenómenos se desarrollan en tres áreas que están articuladas, tres órdenes que están articulados, que uno depende de los otros y no existe uno independiente de los otros. Pero sí que alguno puede tener dominancia o preponderancia por sobre los otros. Dijimos que a estos tres registros, tres órdenes de fenómenos, los nombrábamos real, imaginario y simbólico. Decíamos que en el orden de lo humano lo real está perdido como real, porque lo real es lo que es, y para el ser humano no existe lo que es más que como una hipótesis. Quiere decir que nosotros no tenemos relación con las cosas porque desde el momento en que las cosas tienen nombre y desde el momento en que el hombre tiene un lenguaje, y no puede no tener lenguaje, nombra a las cosas – esta es una independencia absoluta en relación a lo que puede ser en el orden animal la relación que tiene con las cosas. Para un animal no hay el recuerdo de aquel lugar, o de aquel objeto, no hay el nombre que me permite hacer presente lo que está ausente. Para el hombre existe esta posibilidad. El lenguaje le permite independizarse de las cosas, pero al mismo tiempo lo obliga a perder las cosas. Las cosas son en última instancia lo que se puede suponer, y como suposición, lo que de alguna manera nosotros damos por existente. Pero solamente a las cosas llegamos a través de estos dos órdenes que son el simbólico y el imaginario. El simbólico donde pone el énfasis en la palabra y el lenguaje, el imaginario que pone el énfasis en el orden de las imágenes. Pero estamos forzando, separándolos para que se entienda la diferencia, cuando en principio, lo que estamos diciendo es que estos órdenes actúan permanentemente en conjunto, no pueden estar separados. Entonces forzamos a decir que las cosas no existen, que lo real está perdido, que simbólico es la palabra, que el imaginario es del orden de las imágenes. Forzando descriptivamente para poder tratar de entender fenómenos que son complejos y en donde los tres órdenes actúan simultáneamente. Pero además, lo que dijimos es que en la vida cotidiana, los hombres estamos fundamentalmente inscriptos en conductas que pueden ser descriptas desde el orden imaginario. Desde el orden imaginario que es el orden de la creencia, que es el orden de la ilusión, que es el orden del yo y de la conciencia, que es lo que nos permite a los seres humanos tener una sensación, absolutamente engañosa pero una sensación al fin, de estar dominando los hechos que se producen. Yo quiero esto, yo siento esto, yo decido esto, yo pienso esto, generalmente utilizamos la fuerza de esta creencia para sostenernos y para tener nuestra identidad que nos permite deambular por la vida.
Pero bueno, lo que está planteado es el hecho de que si este imaginario, que es el registro más importante en el cual ocurren los fenómenos psíquicos, es del orden de la ilusión, la verdad para el psiquismo, la verdad para el ser humano va a aparecer solamente desde lo que queda afuera del orden imaginario, es decir fundamentalmente el registro simbólico, el registro de la palabra, en donde va a articularse lo que nos hace absolutamente originales y es que somos deseantes. Contra la ilusión de la creencia, contra la ilusión imaginaria de que nosotros dominamos la escena, aparece la verdad de esa escena jugada en lo que para nosotros es más desconocido, que es nuestro deseo. Si digo que es lo más desconocido es porque hablamos de un deseo esencialmente inconciente, es decir del cual nosotros solamente tenemos datos. Esta verdad del deseo, por supuesto no es la que se juega en la cotidianeidad del vivir. Nosotros vivimos fundamentalmente en el orden de la creencia. La verdad del deseo es solamente puntual, aparece en determinados momentos, en experiencias muy particulares, o lo que puede ser una experiencia psicoanalítica, es decir una experiencia de análisis jugado en el orden de la palabra y que pueda dejar emerger la verdad deseante, porque esta verdad deseante es siempre singular, es para cada uno. Es qué es lo que yo verdaderamente deseo y pongo en juego en mis acciones, en mis elecciones, en mis intereses, en mis aspiraciones. Esa verdad del deseo generalmente es oculta para todos nosotros porque es absolutamente compleja en cómo seguimos construyendo y organizando. A esta verdad del deseo que aparece enunciada por algunos datos como pueden ser las formaciones del inconciente, se le opone lo que puede ser la creencia, por eso es que habitualmente, cuando decimos el deseo inconciente emerge a través de una formación del inconciente, el yo lo desconoce. Cuando alguien hablando produce involuntariamente un lapsus, es decir se equivoca en decir lo que iba a decir y dice algo que no es lo que pensaba decir, aparece este deseo, este deseo que es inconciente, que se desliza por la porosidad que tiene el lenguaje, ya lo vamos a ver más particularmente, se desliza por la posibilidad que una palabra tiene de estar remitiendo siempre a otros sentidos, se desliza por el hecho de que una palabra puede tener más de un sentido y emerge. Y emerge sorprendiendo al individuo. El lapsus sorprende al individuo. ¿a qué individuo sorprende? Sorprende al yo, fundamentalmente, sorprende al individuo de la creencia, sorprende al individuo de la conciencia y rápidamente, lo que este individuo va a hacer – insisto con lo de individuo porque realmente la hipótesis central es que no hay un individuo, si estamos hablando de que hay distintos órdenes de fenómenos, si estamos hablando de que hay distintas escenas en las cuales se pone en juego el psiquismo, el hombre más bien está dividido, que indiviso. Individuo implica como que no hay división, es una creencia positivista de la ciencia o de la filosofía. Lo que importa es que entonces, este individuo que nombramos, el que reconocemos, el que “no nombramos como yo”, desconoce la emergencia de ese deseo y fundamentalmente desconoce la razón de ese deseo.
Básicamente puede decir “no, bueno, yo no lo dije, no sé, bueno, la verdad es que lo dije porque todos me escucharon, no puedo decir que no lo dije, pero no lo quise decir. Debo estar cansado, estaba pensando en otra cosa, estaba distraído....suena parecido...”. solamente si uno realmente tiene interés de encontrar la razón de la emergencia de ese hecho atípico, puede avanzar –cosa que no es fácil- en descubrir la razón de esa equivocación. Esta es una hipótesis muy fuerte, es una hipótesis que sostiene la verdad del deseo inconciente como existente en el orden del psiquismo humano.
Esto implica que para el psicoanálisis existe la hipótesis del deseo inconciente. Para la psicología de la conciencia no existe esta hipótesis: uno puede decir, para las psicologías de la conciencia, que el haber cometido un lapsus es un error. Es un error colateral, como nos enseñaban trágicamente en la guerra del Golfo o ahora, en la guerra de Afganistán, que los medios nos venden la idea de que la guerra ya no es guerra, no mata sino que destruye puntos muy precisos que conviene destruirlos, como si fuese un rayo láser que destruye los lugares destructivos o potencialmente destructivos, y cuando de pronto se filtraba una noticia de que bombardearon un hospital y mataron a cien personas, eso era un daño colateral. Quiere decir que no había sido buscado, que no se quería, nadie pretendía matar gente. Bueno, no sé por qué me fui al daño.... Bueno, para la Psicología de la Conciencia, el inconciente sería un daño colateral. Sería algo que le falló al yo, entonces se le escapa. Nosotros le damos valor a todos esos daños colaterales, es decir, le damos valor a todas esas cosas que se escapan porque creemos que es allí donde podemos ubicar la causa de lo que es esencialmente propio del hombre, y que es la creatividad, la creación. El hecho de ser originales, el hecho de inventar, el hecho de poder crear una posición diferente, el hecho de crear una ficción diferente, etc., etc. Es desde la verdad del deseo en tanto deseo inconciente que la creación puede generarse. Pero lo que sí es habitual es que nosotros consideramos a esa verdad del deseo inconciente como algo extraño. Por eso, si Uds. empiezan a trabajar con las formaciones del inconciente es para que entiendan esto. La verdad del deseo es extraña para el individuo mismo que está deseando. Por eso le aparece siempre como sorpresa, le aparece como sorpresa cuando sueña, que dice “sí, soñé esto pero la verdad que no tengo ni idea qué quiere decir, no sé por qué habré soñado esto” o cuando se equivoca, cuando toma un colectivo que va para un lado distinto del que tendría que tomar, o un acto fallido, cuando dice una palabra en lugar de la otra, o un lapsus, cuando se olvida de determinados nombres, cuando se olvida de determinadas situaciones, cuando produce, lo más específico de todo, un síntoma, es decir una situación dolorosa e inhabilitante en el orden de lo psíquico, una conducta fóbica, un –como se llama ahora, que están tan de moda- un ataque de pánico, todas esas cuestiones son la presencia del deseo en tanto deseo inconciente, que se impone a la conciencia y al yo, y lo sorprende. El yo, rápidamente va a decir “eso no tiene nada que ver”. Y eso es lo que hacemos espontáneamente, no es porque seamos malos, no es porque seamos tontos, no es porque seamos ignorantes que producimos este hecho. Este hecho lo producimos porque es la defensa que tiene el yo para seguir viviendo en la vida. Es decir, si nos estuviéramos todo el tiempo preguntando o todo el tiempo desconfiando de las cosas que vemos y que percibimos, y que entendemos, nos resultaría muy difícil vivir. Entonces, la diferencia que estamos forzando es para que entiendan que existen órdenes diferenciados, que luego aparecen articulados. Porque este deseo que es del orden del inconciente, pero que es del orden simbólico y de la palabra, no deja de aparecer articulado con lo que para el ser humano es fundamental, que es la fantasía. No hay deseo que no se articule con la fantasía, y la fantasía es esencialmente visual. Porque si nosotros fantaseamos, fantaseamos con imágenes, fantaseamos con escenas, le damos importancia a personajes como en una escena teatral, en la cual ubicamos determinado tipo de cuestiones. En la fantasía es claro que todos reconocemos eso: que es una fantasía, que es una ilusión, que es una creencia. Es decir, rápidamente ahí en la fantasía, cuando esta fantasía es accesible a la conciencia, todos nosotros podemos decir “bueno, yo me lo imaginé así, no es que realmente sea así, pero yo me lo imagino así y me gusta, me da placer”, transformo la situación displaciente en algo placiente y eso es una construcción de mi fantasía. Eso no quiere decir que en esta fantasía no actúe el deseo inconciente, el deseo inconciente va a actuar, pero va a actuar siempre como sorpresa. El yo no lo va a entender. En última instancia sería “bueno, yo hice esta fantasía, o yo tengo esta fantasía, o yo tengo este sueño que es como una fantasía cuando dormimos, ahora, la causa verdadera de por qué armo esa fantasía, permanece oculta y puede aparecer como sorpresa: “por qué se me habrá ocurrido tal cosa?”. Cuando esa fantasía sirve al objetivo de la creación, uno no tiene por qué interrogarla, obviamente si Saramago inventa una fantasía en la cual a los personajes de la novela La Caverna le ocurren fenómenos de marginación que le impiden entrar en el gran shopping que es la ficción de la novela, es algo que tiene que ver con la creación. Sin embargo, si esa fantasía es llevada a un proceso de análisis, entonces se podrá interrogar cuál es la causa que genera determinada fantasía. No para modificar la fantasía, sino para acceder más a la verdad del deseo que se pone en juego en la fantasía. Es decir , lo que quiero es que quede claro que diferenciamos esto pero esto después se mezcla todo. A los fines didácticos tratamos de diferenciar las áreas o las escenas, pero estas escenas luego están absolutamente articuladas. Nadie puede decir que no existe lo real –qué sé yo que es lo real- de la superficie dura o no tan dura de la cama, que nos permite recostarnos, pero que para nosotros no existe como real. Existe esto: dura, no tan dura, porque yo ya pienso en un colchón, en una cama, en las distintas variedades de colchón, en los colchones que son buenos, malos, agradables, desagradables, lo que significa la cama, todo lo que despierta la idea de la cama, que no es solo para dormir... bueno, todo eso hace que para nosotros lo real está, pero no le damos demasiada bolilla. Sin embargo tenemos imágenes de esas cosas que existen y además esas cosas tienen una significación singular para cada uno de nosotros. Esa significación singular es el deseo. Como Uds. no son estudiantes de psicología ni de psicoanálisis ni nada por el estilo, nosotros ponemos más el énfasis en lo que es el vivir cotidiano, es decir, en el orden de los fenómenos imaginarios, pero no podemos ignorar darles esta información. La hipótesis del deseo inconciente como la verdad para cada uno de nosotros es algo que está presente en cada acto. La mayoría de las veces no le prestamos atención y la mayoría de las veces, si no estamos en un proceso de análisis no llegamos a averiguar las causas, si no hacemos síntomas, si no sufrimos, si no tenemos experiencias de angustia, entonces es posible que no nos interese averiguar la razón de lo que nos pasa. Generalmente vivimos en el máximo, podemos decir en una nube de, como puede decirse ahora, en una ilusión, desconociendo la verdad de lo que nos pasa. Pero esto es lo que queremos plantear: existe la verdad del deseo diferenciada de la ignorancia de la creencia que es fundamentalmente el yo y la conciencia. El yo y la conciencia, si ponemos un palito en el agua vemos un palito quebrado: esa es la ilusión del imaginario. La verdad de ese fenómeno tiene que ver con la ley de la refracción. Nadie en el vivir cotidiano se pone a decir: ah, eso es la ley de la refracción, sino “ay, parece quebrado, qué raro, qué extraño fenómeno produce, qué efecto produce, etc. etc.” porque la creencia es más fuerte, se impone a lo que es la verdad del sujeto.
La vez pasada trabajamos fundamentalmente un desarrollo que viene de la antropología que tiene que ver con el espacio y que es oportuno porque tiene que ver con esto real que es el espacio en el cual estamos involucrados, para la filosofía tradicional, pensemos en un Kant. Kant decía que el espacio y el tiempo eran condiciones a priori de la experiencia. Quiere decir que nadie vio nunca un espacio, según Kant, pero nadie puede imaginarse un objeto que no esté dentro de un espacio. Entonces, es necesario pensar que hay espacio para poder pensar que hay objetos. Uno no puede pensar o es difícil para el hombre pensar en la inmensidad del espacio, un espacio sin límites, como puede ser el universo, los distintos sistemas solares y también es francamente inquietante o preocupante pensar en un límite para ese espacio, como qué habría después de ese espacio... qué es un vacío, dónde está el vacío, si el vacío sólo puede existir en relación a un espacio...bueno, como se darán cuenta es un tema complejo, pero el espacio en última instancia es un real, el espacio es lo que es, nosotros podemos acceder a él vía la representación, vía las imágenes, vía los conceptos. Y lo que dice Marc Augé, “Los no lugares, espacios del anonimato” es que a ese espacio para el ser humano solo le cabe la posibilidad de ser un lugar. Es decir que no hay espacio que no se transforme, para el ser humano, en lugar. Quiere decir esto, ya lo planteamos, que tenga un valor para los seres humanos. Y este valor está determinado por sus percepciones, y por las representaciones que pone en juego y por lo que habitualmente decimos, los afectos con los que se vincula con ese espacio: me gusta, no me gusta, lo quiero, no lo quiero, me sirve, no me sirve, me hace sentir bien, me hace sentir mal, lo disfruto, no lo disfruto, me da placer, no me da placer, bueno, todo lo que quieran. Estas sensaciones que tienen que ver con los afectos le dan un valor singular a ese espacio que se transforma en un lugar y que puede tener tanto un valor compartido como un valor propio. Cuando el valor es un valor propio, tenemos que pensar cómo se pone en juego ahí el deseo singular. Ya lo vamos a ver, pero es más particularmente con un síntoma, que es lo que habitualmente se nombra como síntoma de conversión histérica, en donde una parte del cuerpo, es decir, un espacio pasa a tener una significación absolutamente atípica, original, y de valor singular. Es decir, cuando un paciente histérico se queda ciego, no se queda ciego porque tiene una lesión de los órganos de la visión ni del sistema nervioso, sino que se queda ciego porque “no quiere ver” y no quiere ver algo que tiene que ver con su deseo inconciente y hace que entonces, ese espacio, ese real que es el ojo, deje de tener la función que tiene. Eso es muy típico, lo vamos a ver en la construcción del síntoma, la próxima reunión.
Lo que quiero decir es que hay un espacio que es el real al que tenemos un determinado acceso vía una hipótesis, pero hay un lugar que está trabajado por nuestra singularidad y por nuestra percepción. Si el lugar es un lugar compartido, es un lugar de valor simbólico, y ese lugar de valor simbólico puede ser válido para más de uno. Cuando Marc Augé trata de diferenciar lo que es el espacio del lugar, utiliza metáforas como el espacio que se transforma en un lugar sagrado en lo que sería una tribu, para ponerlo en términos antropológicos clásicos, porque finalmente son los ejemplos más simples, podemos decir que el brujo de una tribu, el shamán, dice: este es el espacio donde se van a producir los ritos religiosos, lo puede marcar con el dedo, lo puede marcar con unas piedritas, no importa, todo la gente de la tribu va a decir: yo ahí, no entro, ése es lugar sagrado. ¿Cuál es la diferencia entre ese y el otro? Nada, simplemente que estuvo sancionado simbólicamente e imaginariamente como un espacio diferente del resto y no hay ninguna diferencia real que hace que este pedazo de tierra sea distinto al de afuera, pero este es lugar sagrado, y aquí tiene valor lo que va a ocurrir, un lugar absolutamente sagrado. Si quieren, los espacios de la modernidad, donde también se producen los ritos religiosos, también son lugares sagrados diferenciados del resto, es una iglesia, es un templo, es una mezquita, lo que fuere. Eso no quiere decir que sólo con lo sagrado se haga diferencia, también el hogar es un lugar, el lugar donde yo vivo, y es mi casa, y a mí me importa, eso ya es un lugar y no un espacio. Bueno con ésto pueden darse cuenta que en el orden de lo humano, vivimos en lugares y no en espacios, aún cuando utilicemos el significante espacio para definir determinadas situaciones. Lo que dice M. A. Es que la modernidad ha construido a propósito lugares despojados de su referencia, entonces pasan a ser “no lugares”. Esto a los fines descriptivos, por supuesto, no es que algo pueda dejar de ser lugar para un ser humano. Pero hay lugares “más lugares” que otros. Cuando él utiliza el ejemplo de los shoppings, de los aeropuertos, de las estaciones de servicio, de los supermercados, etc., dice que son espacios creados no para que la gente, los individuos, se sientan en un lugar, sino para que los individuos se sientan en un no lugar, en sencillo, que no se sientan cómodos, circulen, generen lo que hay que generar: la conducta para lo que se está establecido. Bueno, entonces esos “no lugares”, fundamentalmente están creados con un cierto objetivo, es decir, que el individuo, los seres humanos que forman parte de esos espacios, pierdan su identidad. Cuando decimos “pierdan su identidad” decimos pierdan lo más singular de cada uno. Tomamos el ejemplo de que en cualquiera de esos lugares, la identidad es algo que es una situación absolutamente incómoda para obtener algún tipo de resultado. De casualidad, no hace mucho, vi un episodio de los Simpson, donde la mujer de Homero, tenía un ataque de pánico ya en el avión, cuando estaba por despegar, que tienen que frenar el avión, bajan, ya la habrán visto. Bueno, evidentemente, lo que “hace” un aeropuerto es generar esta situación para que no se produzcan estos hechos. Meten al individuo en un tubo, los aeropuertos son algo en donde uno entra y ya pierde desde ahí mismo el contacto con el piso, empieza de subir por escaleras y está todo cerrado, si bien uno ve lo que pasa afuera, uno ya está alejado del piso, y todo lo que es ir adentro de esa lata cerrada que es un avión, aunque es absolutamente eficaz, es para que uno ignore que se está metiendo en una situación como en la que se está metiendo. Y que nos llenan de cosas, nos hacen sentar, y nos dicen que nos ajustemos, todo eso para que uno ignore que por esa cosa mágica de la ciencia y de los fenómenos de la gravedad y del vacío, uno esté volando a diez mil metros de altura y cosas por el estilo. Es decir, digo esto porque no es que M. Augé dice que la gente es mala y hace espacios que puedan transformarse en no lugares. Tienen una función. Acá siempre está el límite de la ética. Si esa función está al servicio de que todos nosotros toleremos una situación para la cual no estamos preparados, que es volar durante 20 horas arriba de una cosa de ésas, o lo que fuere, bueno, bienvenido, tiene sus efectos positivos. Por lo menos para mí los aviones son importantes aunque los detesto. Pero son máquinas muy buenas y muy importantes. Por supuesto que si detrás de esto hay una ideología totalitaria o una ideología fachista o esclavizante o qué sé yo, bueno, el efecto será otra. Nosotros utilizamos siempre, en la dictadura nuestra, la que padecimos, en la dictadura se armó una serie de proyectos arquitectónicos en los cuales se eliminaban las salas de espera - y Uds. lo ven, existen- las salas de esperas en los hospitales, o las escuelas pasaban a tener media pared y después vidrio que no era simplemente para la funcionalidad, sino para crear espacios en donde la gente circule, y donde evite agruparse, sentarse, charlar, discutir y crear opciones diferentes. Esa es una función en donde se pone en juego la ética que explica un determinado hecho o un determinado fenómeno. En el caso de los shoppings lo que se busca es ”olvidate de que estás buscando ese echarpe negro, que es parecido al de la abuela, y comprá lo que te estamos vendiendo, lo que está a la venta y que hemos fabricado para vos y que es lo que te va a hacer mejor, y que te va a hacer más linda y más moderna y más actual y más exitosa y más lo que quieran...” Por eso es que lo que decíamos la vez pasada, es que en estos espacios, lo que importa fundamentalmente es que al perder la identidad, el espacio en sí ofrece una identidad de mentiras, una identidad “de jugando” como dicen los chicos, para poder soportar la angustia. Porque si uno de pronto entra en un lugar y ya no tiene ningún referente, ya no sabe ni quién es, ni qué está haciendo ahí, se angustiaría. Y la angustia es el único afecto que no tiene ningún tipo de engaño para el ser humano. La angustia es el sentimiento único de los seres humanos y es el sentimiento que aparece siempre y cuando no tenemos dónde referenciarnos. Entonces, rápidamente, si uno se angustia dice: Ah, que suerte, ahí en este lugar absolutamente desconocido hay una marca de Mc Donnal’s, uh!, en este lugar del que no sabemos nada, venden ropa, o aparece la publicidad concreta que eran los ejemplos que leí la vez pasada de Marc.Augé. Estos ejemplos están sostenidos por la publicidad. La publicidad entonces hace que nosotros seamos por un momento lo que la publicidad quiere que seamos.
El prólogo de este libro que es una ficción, una fantasía, que a mí me gusta leer, porque no deja de ser bastante moderno y nos sirve para distendernos un poco, porque talvez estos conceptos les resulten un poco difícil de comprender. En este prólogo hay un personaje y alguien que describe el accionar de un determinado personaje, que se llama Juan Pérez, o por lo menos así lo tradujeron, o tendría seguramente un nombre francés, ya que esto ocurre en París. Dice: “Antes de buscar su auto, Juan Pérez decidió retirar dinero del cajero automático. El aparato aceptó su tarjeta y lo autorizó a retirar 1.800 francos. Juan Pérez apretó el botón 1800. El aparato le pidió un minuto de paciencia, luego le entregó la suma convenida, y le recordó no olvidarse la tarjeta. Gracias por su visita, concluyó, mientras Juan Pérez ordenaba sus billetes en su cartera.”
Se dan cuenta? Esto es lo que es el vivir cotidiano y va marcando que uno se crea que uno realmente tiene algún valor para esa máquina. A mí no deja de sorprenderme, cuando pongo la tarjeta que me digan Bienvenido, Héctor Depino, digo, cómo saben que soy yo. O, siempre cuento la anécdota, con un amigo volvíamos de Mar del Plata en auto y puso la tarjeta de peaje en una máquina de esas automáticas, que le dijo Muchas gracias, señor, y él le dijo De nada a la máquina. Bueno, somos humanos, nos resulta difícil esto. Por eso hay tanto éxito de la ficción, no? (sigue la lectura)
“El trayecto fue fácil, el viaje a París por la autopista A11, no presenta problemas un domingo por la mañana. No tuvo que esperar en la entrada, pagó con su tarjeta de crédito el peaje de Tourdan, rodeó París por el periférico, y llegó al aeropuerto de Roissy por la A1. Estacionó en el segundo subsuelo, sección J, deslizó su tarjeta de estacionamiento en la billetera, luego se apresuró para ir a registrarse en las ventanillas de Airfrance. Con alivio se sacó de encima la valija, (20 kilos exactos), y entregó su boleto a la azafata, al tiempo que le pidió un asiento para fumadores, del lado del pasillo. Sonriente y silenciosa, ella asintió con la cabeza después de haber verificado en el ordenador. Luego le devolvió el boleto y la tarjeta de embarque: - “Embarque por la puerta B a las 18 horas”, precisó. El hombre se presentó con anticipación al control policial para hacer algunas compras en el dutyfree, compró una botella de cognac, un recuerdo de Francia para sus clientes asiáticos y una caja de cigarros para consumo personal. Guardó con cuidado la factura junto con la tarjeta de crédito. Durante un momento recorrió con la mirada los escaparates lujosos, joyas, ropas, perfumes, se detuvo en la librería, hojeó algunas revistas antes de elegir un libro fácil, viajes, aventuras, espionaje, y luego continuó su paseo sin ninguna impaciencia. Saboreaba la impresión de libertad que le daban a la vez el haberse liberado del equipaje, y más íntimamente, la certeza de que sólo había que esperar el desarrollo de los acontecimientos, ahora que se había puesto en regla, que ya había guardado la tarjeta de embarque y había declarado su identidad. “¡Es nuestro, Roissy!!”. ¿Acaso hoy –esta es una pregunta del autor- en los lugares superpoblados no era donde se cruzaban ignorándose, miles de itinerarios individuales, en los que subsistía algo del incierto encanto de los solares, de los terrenos baldíos y de las obras en construcción, de los andenes y de las salas de espera, donde los pasos se pierden, el encanto de todos los lugares de la casualidad y el encuentro donde se puede experimentar furtivamente la posibilidad sostenida de la aventura, el sentimiento de que no queda más que “ver venir”?
El embarque se realizó sin inconvenientes. Los pasajeros cuya tarjeta de embarque llevaba la letra Z, fueron invitados a presentarse en último término y Juan asistió bastante divertido al ligero e inútil amontonamiento de los X y los Y, a la salida de la sala. Mientras esperaba el despegue y la distribución de los diarios, hojeó la revista de la compañía e imaginó, siguiéndolo con el dedo, el itinerario posible del viaje. Eraklion, Larnaca, Beirut,...., Bombay, Bangkok, más de 9.000 kilómetros en un abrir y cerrar de ojos, y algunos nombres que daban qué hablar cada tanto en la actualidad periodística. Echó un vistazo a la tarifa de a bordo sin impuestos: “duttyfree, price list”, verificó que se aceptaban tarjetas de créditos en los vuelos transcontinentales, leyó con satisfacción las ventajas que presentaba la clase business de la que podía gozar gracias a la inteligencia y generosidad de la firma para la que trabajaba. (En Charles de Gaulle II y en Nueva York, los salones Le Club le permiten distenderse, telefonear, enviar fax o utilizar un minitel, además de una recepción personalizada y una atención constante. El nuevo asiento Espacio 2000 con el que están equipados los transcontinentales, tiene un asiento más amplio, con un respaldo y un apoyacabezas regulable separadamente). Prestó alguna a los comandos con sistema digital de su asiento Espacio 2000, luego volvió a sumergirse en los anuncios de la revista y admiró el perfil aerodinámico de unas camionetas nuevas, algunas fotos de grandes hoteles de una cadena internacional, un poco pomposamente presentados como los lugares de la civilización (“El Mammounia de Marrakech que fue un palacio antes de ser un Palace Hotel, el Metropol de Bruselas, donde siguen muy vivos los esplendores del siglo XIX). Luego dio con la publicidad de un auto que tenía el mismo nombre que su asiento: Renault Espacio. “Un día la necesidad de espacio se hace sentir, nos asalta de repente, después ya no nos abandona el irresistible deseo de tener un espacio propio, un espacio móvil que nos llevara lejos. Nada haría falta, todo estaría a mano. En una palabra, como en el avión, el espacio está en usted. Nunca se ha estado tan bien sobre la tierra como en el espacio” concluía graciosamente el anuncio publicitario.
Ya despegaban. Hojeó más rápidamente el resto deteniéndose unos segundos sobre el hipopótamo, señor del río que comenzaba con una evocación de África, cuna de las leyendas y continente de la magia y de los sortilegios y echó un vistazo a unas crónicas sobre Bolonia. En cualquier parte uno puede estar enamorado, pero en Bolonia uno se enamora de la ciudad. Un anuncio publicitario de un video movi japonés retuvo un instante su atención: “”vivid colors, vibrant sound and non-stopaction, make them yours forever”” Bueno, por el brillo de los colores le llamó la atención, lo pone en inglés porque como todos sabemos ya es una lengua colonialista.
Un estribillo de Trenet le acudía a menudo a la mente desde que, a media tarde, lo había oído por la radio en la autopista, y se dijo que la alusión a la foto, vieja foto de mi juventud, no tendría dentro de poco, sentido alguno para las generaciones futuras. Los colores del presente para siempre, la cámara, congelador.
Un anuncio publicitario de la tarjeta Visa terminó de tranquilizarlo. Aceptada en Doubai, en cualquier lugar a donde viaje, viaje confiado con su tarjeta Visa. Miró distraídamente algunos comentarios de libros y se detuvo un momento, por interés profesional, en el que reseñaba una obra titulada Euro-marketing y, entre comillas dice: “la homogeneización de las necesidades y de los comportamientos de consumo forma parte de las fuertes tendencias que caracterizan el nuevo ambiente internacional de la empresa. A partir del examen de la incidencia del fenómeno de la globalización, en la empresa europea, (no en todo el mundo) sobre la validez y el contenido de un euromarketing y sobre las evoluciones posibles del marketing internacional, se debaten una gran cantidad de problemas. Para terminar, el comentario mencionaba las condiciones propicias para el desarrollo de un mix lo más estandarizado posible y la arquitectura de la comunicación europea.
Un poco soñoliento, Juan Pérez dejó la revista. La inscripción “fasten seat belt” se había apagado. Se ajustó los auriculares, sintonizó el canal 5 y se dejó invadir por el adagio del concierto N° 1 en Do mayor de Joseph Haydn.Durante algunas horas, el tiempo necesario para sobrevolar el Mediterráneo, el mar de Arabia y el Golfo de Bengala, estaría por fin solo.”
Bueno este es el prólogo......
En primer lugar por lo que dije antes, porque está bien escrito, es agradable la lectura. Porque termina diciendo “al fin va a estar solo” y siempre uno se pregunta: ¿Más solo que lo que está hasta ahí? Porque la verdad que la descripción es la de alguien que está absolutamente solo, no es de alguien que está acompañado, sino que se cree absolutamente acompañado, más bien que se siente absolutamente rodeado de todas cosas que se le imponen y que no está verdaderamente acompañado. Pero esta soledad del “al fin solo” es una soledad diferente, en ultima instancia podría llegar a ser una soledad elegida. Y una soledad elegida, “bueno, al fin solo, ya no tengo más nada que hacer, me distiendo, me olvido, ignoro que estoy acá arriba, sobrevolando lugares donde pueden pasar misiles y cosas por el estilo, y elijo estar solo conmigo mismo, solo con mis sensaciones, mis fantasías, mis pensamientos, mis ideas, mis sentimientos, lo que fuere. Es una soledad que no es soledad en la medida en que es una elección. Lo que diferencia Marc Augé es una soledad construida para que alguien se crea que no está solo y una soledad que es una soledad en la que alguien quiere estar solo, porque quiere estar en conexión consigo mismo. Esto también nos sirve para pensar que una psicología descriptiva sería del estilo de este relato, donde podríamos decir bastante poco, podríamos decir lo que nos ocurre todo el tiempo, es decir, que todo el tiempo hacemos estas cosas, movidos por estas propuestas que tienen que ver con los mensajes que nos da el afuera y a los que respondemos. La hipótesis de la verdad del deseo inconciente, hace que a esta psicología descriptiva le podamos dar una explicación o un argumento que tenga un valor diferente, es decir, la verdad del deseo. Esa verdad del deseo puede aparecer en el momento en el cual caen de alguna forma, todas estas identificaciones que son las que nos sostienen en vuelo, nos sostienen en viaje. Mientras que de pronto, en ese momento, lo que puede aparecer es la verdad de cada uno, de alguna forma. No nos podemos poner a inventar cómo aparecería pero bueno, aparecería con una fantasía, aparecería con algo, con un recuerdo, con una imagen, con algo que le es propio, y que produciría algo diferente. Por lo tanto, insisto que quede claro, vivimos en un espacio entre comillas, por todo lo que dije, en un lugar, nuestra identidad es una identidad prestada y uds. como comunicadores sociales de imagen, están al servicio de esto, ustedes van a dar imagen, van a construir imagen, van a producir mensaje en imágenes que sirvan para la identidad, o sea, básicamente, si el motor que los lleva a ustedes a ser diseñadores gráficos, es que hagan mensaje que se vean rápido, se entiendan rápido, comuniquen rápido, que hagan no dudar, que uno los entienda sin dudar, etc., es decir están al servicio de este vivir cotidiano lo más fácil posible, pero lo más engañoso posible. No está mal que sea engañoso, en algún momento uno puede preguntarse bueno, a ver, qué otra cosa quiero además del yogur con bactobacilo no sé cuánto que me ofrecen porque me dicen que es lo mejor para mi hijo que le dicen petiso y se vuelva grande, yo mezclo todas las propagandas, no importa, cualquiera de las publicidades lo que están dando, es identidad, prestando identidad. Uno no le cree a las publicidades, pero más o menos se ilusiona con que sí, si uno no les creyera absolutamente, no podría entrar en la escena de la publicidad y para entrar en la escena de la publicidad, uno tiene que, en principio, identificarse con la escena, con los personajes, o con algo de esa escena. La identificación es un proceso que lo vamos a trabajar mucho porque es importante, es un concepto psicológico muy importante, por el cual nosotros nos vemos en la imagen que es exterior a nosotros y nos reconocemos. Por eso es que la publicidad que utilizaba acá Marc Augé es “ese señor al lado de la azafata que lo miraba embobada, soy yo”: ése soy yo, y si ese soy yo me siento más cómodo, ya no me siento que ya no sé quién soy, sino que soy ése y me compro la colonia salvaje y por ahí en alguna otra vida, una azafata me mira embobada o cosa por el estilo. Es decir, la idea es que me tengo que identificar. Si la imagen que aparece es como ... qué sé yo, como un afgano de turbante, un talibán, ofreciendo una publicidad, es muy probable que yo diga que no me reconozco, no me pertenece esa imagen, no me puedo identificar y entonces, por supuesto, la publicidad no tendría efecto. Estas son verdades de Perogrullo, obviamente si Uds. trabajan en publicidad, no van a poner personajes fuera de la cultura para producir un efecto de comunicación, pero bueno, siempre decimos, ha habido campañas publicitarias donde el efecto identificatorio produce el efecto contrario. Por ejemplo una campaña de control de la natalidad que se intentó en África, que ponían un señor, una señora y un hijito, todos tan hermosos y armónicos, que lo que daba era más ganas de tener hijos que limitar a la familia tipo de uno o dos hijos. La identificación es entonces, entrar en la escena de la publicidad y se puede entrar porque, y esto es por algo de lo que dije antes, porque la naturaleza del ser humano en tanto deseante está muy fallida. Qué quiere decir esto? Que si nosotros nos engañamos rápidamente con lo que nos ofrecen es porque a la verdad de nuestro deseo tenemos muchas dificultades de acceder y porque en general , si a cualquiera de nosotros nos preguntan, algo así como esas frases de “te sentís realizado o qué es lo que deseás”, uno no tendría palabras, no sabría qué decir. Empezaría a inventar, diciendo” la verdad, me gustaría” y ya utilizar determinado tipo de expresiones concientes que no son más que relleno. Cuando uno dice: si yo llegara a tener ese auto... o si esa mujer me diera bolilla...Sabemos por estructura que quien tiene el auto, cuando lo tiene, dice: ah, esto era? O: por qué no el otro? Bueno, con las personas es más difícil hacer ejemplos porque hay otras cuestiones en juego, pero también puede ser. Cuando uno obtiene lo que tanto creyó que quería tener, cuando lo obtiene ya ahí empieza a resquebrajarse y a decir: esto era, realmente?
Un comentario que hace Miriam Dinsmann en voz baja, me cuestiona que yo estoy poniendo el énfasis en el ámbito publicitario y no en otras áreas del desarrollo del diseño gráfico, como el diseño editorial por ejemplo, o sea que ella toma la voz de Uds., pueden opinar Uds. Habitualmente nosotros planteamos y consideramos al diseño gráfico como una actividad del orden de la comunicación visual y generalmente tomando lo que son las hipótesis que maneja, por ejemplo las materias de comunicación en la carrera, y tomando los aspectos comunicacionales del lenguaje. Ya lo saben, entre los seres humanos no hay comunicación, es decir, la única comunicación existe entre las máquinas o en el orden de lo animal; en la manera que existe el lenguaje, la comunicación está como dificultada, como complejizada, está en fracaso generalmente, porque uno nunca tiene garantía que lo que dice va a ser escuchado de la misma manera en que uno lo está diciendo, o va a ser entendido de la misma forma, etc. O sea, la complejidad del fenómeno del lenguaje hace que la comunicación humana no sea una comunicación lograda y exitosa. Es exitosa la comunicación entre una máquina y otra, porque una máquina manda un mensaje y la otra máquina recibe ese mensaje, es una comunicación que no se presta a duda. La máquina no va a desconfiar y va a decir: ¿qué me habrá querido decir esta otra? Eso le pasa a los seres humanos. Los seres humanos son los que reciben la información y buscan intenciones y tienen suspicacias o cosas por el estilo. Entonces, lo que decimos es que si bien el diseño gráfico trabaja para una comunicación exitosa, y pone el énfasis en la cosa referencial del lenguaje, es decir, según lo que Umberto Ecco utiliza como la condición referencial informativa del lenguaje, la información lograda, que da cuenta de un determinado objeto y de un determinado fenómeno, es un área del diseño gráfico, pero es un área donde lo que se trata es de evitar que el receptor tenga mucha participación. Cuando en el área de los fenómenos ”comunicacionales” de la comunicación visual, uno quiere dar cuenta de un referente preciso como puede ser en la señalética: uno puede decir ¿para dónde es la dirección del tránsito en una calle?, uno utiliza imágenes que sean imágenes claras, que no se presten a dudas, que el que las vea, rápidamente actúe en consonancia a esa información, no que se ponga a pensar qué habrá querido decir ese mensaje. Pero tomando en cuenta otra área del lenguaje, que es el área de lo que sería el fenómeno creativo, en general, la condición persuasiva del mensaje según Umberto Ecco, hace que el receptor tenga una participación en el mensaje y eso es fundamentalmente lo que ocurre en el área de la publicidad, de la propaganda, de los desarrollos de estos diseños en los cuales el mensaje exige la interpretación del receptor y exige la participación del receptor. Es decir, yo pongo el énfasis en el área de la publicidad porque es lo que abre más la posibilidad de esta complejidad del hecho de interacción entre los seres humanos. Lo otro acota, es decir, si uno quiere trabajar en un mensaje informativo y quiere que esa información llegue lo más prolijamente posible, lo más limpiamente posible, lo que va a hacer es evitar que aparezca la participación del receptor. Eso hay que limitarlo, no hay que poner adornos ni invenciones. Llega un momento en que en esa área no hay mucho para inventar, porque lo que se quiere es que la gente entienda rápidamente lo que uno quiere decir. En el orden de la imagen publicitaria, de la imagen propagandística, hay mucho para inventar porque en última instancia es crear una escena donde el receptor pueda meterse adentro y encontrar allí algo que le sirva para decir : eso es lo que yo estaba buscando, no sabía. Sabiendo por supuesto que eso que encuentra es simplemente una trampa, un engaño, un señuelo, es simplemente un objeto que está en lugar del verdadero objeto de deseo, pero esto es lo que se pone en juego. Si queremos que el receptor participe, bueno vamos a trabajar este área de fenómenos, si queremos que el receptor quede lo más pasivo posible, trabajamos una información lo más limpiamente posible. Esto quiere decir que en el orden de los fenómenos de comunicación humano, por la existencia del lenguaje, por la existencia del orden simbólico y la complejidad de lo que estamos hablando, la comunicación nunca es exitosa pero podemos intentar que sea lo más exitosa posible, haciendo que el receptor no ponga en juego su singularidad o exagerándola para que el receptor ponga en juego su singularidad. No sé si esto queda más o menos claro, pero es cierto el comentario de Miriam, yo estaba poniendo el énfasis sólo en un aspecto porque daba por sentado que por ese lado a mí me importa más poner en juego las variables de la complejidad del psiquismo, que es lo que intentamos trabajar acá con Uds.
El otro día conté a la noche un chiste, que van a ver ustedes también el valor que tiene el chiste, en el orden de la comunicación y en el orden de la comunicación fallida y que tiene que ver con la necesidad de que seamos creativos, y que en relación a la información haya posibilidad de manejarse con cierta libertad en relación a la crisis, tener algún tipo de respuesta a los problemas. El cuento es sencillo, por ahí lo conocen. Un perrito de ciudad es llevado por su dueño a un safari por el África y en un determinado momento el perrito se suelte y se mete en la selva, se independiza de los humanos, y suponiendo que es un perrito de ciudad se pierde en la selva. De pronto ve venir una pantera terrible, una amenaza para un perrito chiquito, y ve unos huesos ahí cerca y hace como que está masticando y comenta: qué rica que estaba esta pantera. La pantera, escuchando pero desconfiando de que algo de verdad podría haber en ese hecho, da media vuelta y se va. Un mono, que presencia la escena, como siempre los monos tienen esta función, corre a informarle a la pantera de la macana del perrito, que el perrito no había matado ninguna pantera ni se había comido a ninguna pantera, que era todo una mentira. La pantera entonces, ofendidísima en su amor propio, en su narcisismo, vuelve a vengarse de lo que le había ocurrido, con el mono encima, que viene a disfrutar de su maldad. El perrito ve que la pantera vuelve a todo lo que da y con un aspecto amenazador, no sabe qué hacer, no tiene ningún tipo de argumento. Cuando la pantera está muy cerca, se da vuelta, y dice: qué tarado este mono, hace media hora le pedí que me traiga otra pantera y no viene. Bueno, esta es un poco la idea de poder ser creativo, no? Ya no tenía otra pero se le ocurrió algo francamente genial al perrito. Bueno, seamos así, creativos.

Ref. Bibliográfica: Augé, Marc. “Los no lugares – Espacios del anonimato”. Gedisa editorial. 1993.b