jueves, 9 de abril de 2009

Teórico Nro.4.
23 – 4 – 2002.
Prof. Lic. Héctor DEPINO



En el momento que la reconocemos y la hacemos propia nos da una cierta identidad, entonces, es producto de la identificación, cuando uno dice “yo soy yo”, no es que uno diga yo soy yo porque “yo” tengo experiencia de ser “yo” por un proceso de introspección, sino que en general, el proceso por el cual obtenemos la identidad es “yo soy eso” o yo soy esa imagen que veo exterior a mi. La imagen exterior a mi, con la que me identifico, fundamentalmente, es la imagen mía en el espejo, nosotros no tenemos posibilidad de tener una representación de nosotros mismos, en el comienzo de la vida más que a través de una imagen que nos refleje, nosotros no podemos ir mirándonos de chiquitos, de bebés, las distintas partes de nuestro cuerpo y luego sacar como conclusión que esa imagen sumada de las distintas partes me representan, ya lo vamos a ver con más detenimiento cuando veamos el tema de la imagen. Me interesa que les quede claro que la identidad se produce por identificación y ésta se produce por una imagen exterior, que nosotros la incorporamos como propia y esa forma es a través de este reconocimiento, ese soy yo, ahí estoy yo, o me parezco a ... por eso es que utilizamos el ejemplo de la publicidad que planteaba Marc Augé y donde, esencialmente, dice que en los espacios del anonimato, en los espacios donde no hay una identidad definida, porque lo que se le pide a todo el mundo es que sea un consumidor y no alguien que participe de algún grupo más particular, lo que aparece con mucha fuerza es la necesidad de la imagen publicitaria para dar identidad, entonces, les decía... “ese señor que es mirado embobado por una azafata ... soy yo”, esta idea de que la identificación se produce con la imagen publicitaria es muy importante pensarlo, porque como se dan cuenta esta identificación es una identificación engañosa, nadie se cree que realmente es esa persona, pero pone en juego ciertos puntos de reconocimiento, que es una persona, que es de sexo masculino o femenino, de acuerdo a lo que sea, que tiene ciertas características culturales, que pueden ser reconocidos ciertos ideales que pueden ser asociados a nuestros propios ideales en relación a esa imagen etc. etc., y por lo tanto la identificación no es que yo, verdaderamente, soy el héroe de Camel, no soy esa persona, no soy realmente el modelo sino que me reconozco en algunas características de ese modelo, por supuesto, entonces la publicidad es válida para el medio en el cual esa publicidad se juega, es muy difícil poner modelos coreanos, por ejemplo, para una publicidad en Argentina... en general uno trata de reconocerse, de encontrar ciertos referentes identificatorios para poder adoptar esa imagen como propia. Transitoriamente, en ese momento yo soy esa persona, esto es del orden de la conciencia, por supuesto ninguno de nosotros va a decir, realmente, yo soy esa persona, me parezco, me reconozco en algunas cosas y en lo que más me puedo reconocer es que habitualmente puedo adquirir, por ejemplo, la loción para después de afeitarse que usa ese señor que está en esa publicidad y entonces, ya me siento más cerca de esa identificación que me produce una identidad similar.
El hecho que se produzca la identificación en la publicidad implica básicamente, por lo que estoy planteando, que el receptor de ese mensaje, que es la imagen publicitaria pueda sentirse parte de esa escena, o sea, que pueda entrar en la escena, en la publicidad se busca que el receptor se movilice hacia el interior de la escena, escena que lo plantea tal como la escena teatral, podríamos decir que hay un escenario donde se juega una ficción que el espectador y el actor saben que es una ficción pero es una ficción creible durante el tiempo en que se desarrolla el espectáculo, el espectador cree en esa ficción al punto que puede emocionarse, enojarse, puede llorar, puede reirse según los objetivos que se juegan en esa ficción, o sea, que en ese momento el espectador se identifica con la escena y con los personajes de la escena, se identifica más con uno que con el otro, se identifica con el malo o con el bueno, con las tensiones, con las rivalidades, los celos, las cosas que nos hacen habitualmente humanos, si hay escenas donde la argumentación se repite e insiste a través de los tiempos, es porque son las escenas humanas, yo siempre digo, si uno lee la mitología griega que en algún momento la vamos a trabajar en algunos mitos, la mitología griega es un gran culebrón de aquellos tiempos, en donde estaban jugadas todas las pasiones, las traiciones, los hijos naturales, los hijos no reconocidos, los hijos abandonados, todo lo que existe en las telenovelas actuales que insisten con los mismos temas, me parece que no se les abre mucha posibilidad de alguna alternativa, siempre es parecido. La idea, entonces, es que nosotros somos los espectadores de esa escena, pero que podemos entrar en esa escena, si no podemos entrar hay espectáculos difíciles para poder entrar en la escena, por ejemplo, si uno va a ver el teatro Kabuki, puede ser que si no está en China o en un ámbito en el que se sienta identificado con la cultura china, con lo que eso promueve, con lo que manifiesta, con lo que promete, etc. etc. es muy raro que uno pueda reconocerse e identificarse con un espectáculo del teatro Kabuki o entenderlo. Suele ocurrir con muchos espectáculos en los cuales el espectador no puede entrar en la escena y no puede entrar a formar parte de la escena y, por lo tanto, no se identifica, obviamente, hay como distintos grados de participación de la escena, pero lo que me interesa es que participamos de la escena con esta ficción, o sea, somos parte de la escena, por un tiempo, por un rato, por el tiempo en el que dura el espectáculo nosotros nos reconocemos con ese espectáculo, hay momentos en que realmente la identificación puede ser tanta que se confunde la realidad con la ficción y hay espectáculos que pueden producir o promover que esta confusión aparezca acentuada; generalmente, en el grupo catalán “La Fura dels Baus” se suele trabajar en esta línea, producir esta confusión entre el actor y el espectador, donde no queda claro quién es quién, donde no se sabe quién es el actor y quien el espectador y donde todo espectador, potencialmente, podría llegar a ser, en la fantasía de cada uno de los espectadores, un posible actor, esto, evidentemente, refuerza la confusión y por eso es que producen esos efectos tan impactantes o mucha angustia, o mucho desafío, lo que en algún momento, también, interfiere la posibilidad de que ellos trabajen; son espectáculos a mucho riesgo en cuanto a poner en juego este tema de la identificación y de la dificultad para poner distancia y decir, estos están arriba del escenario, estos están abajo del escenario, estos son los espectadores, aquellos son los actores, esa diferencia suele ser bastante tranquilizante para participar de una escena y poner en juego este mecanismo de identificación, cuando nosotros andamos por la vida y por la calle, en general, estas identificaciones son muy transitorias, puntuales duran un ratito, nos permiten llevar a cabo determinado tipo de acciones, nos permiten entrar en un shopping e ir a buscar eso que no se sabe bien qué es, que es lo que queremos, pero ahí nos lo van a ofrecer, para eso tengo que entrar en la escena y en la escena entro vía la identificación.
Por otro lado voy a poner en juego algo que, también, es característica del ser humano, o sea, si la característica del ser humano es que obtenemos identidad vía la identificación y no es que estemos seguros de nuestra identidad de una vez para siempre sino que es una identidad que la podemos ir transformando permanentemente, también carecemos de este sentido de lo que estamos deseando, básicamente, somos deseantes, no nos manejamos por necesidades, deseamos objetos para nuestra satisfacción pero estos objetos que deseamos son absolutamente contingentes, porque en principio y por una cuestión teórica, la estructura del ser humano es la de un sujeto que está en falta permanentemente, la estructura es el deseo, y voy a seguir deseando que aparezcan los objetos. Para tomarlo en relación con lo que serían las tendencias, los impulsos, los instintos, tomemos un ejemplo que es bastante primario: cuando hablamos de la necesidad que moviliza al organismo vivo a obtener determinado elemento que nosotros podemos nombrar como alimento, en términos generales podemos decir que es la energía necesaria para mantener el equilibrio del organismo y sobrevivir, es decir, todo organismo vivo tiene un consumo de energía que es producto del trabajo que significa vivir, por lo tanto, el organismo vivo tiene que incorporar determinada energía, porque esa energía se va gastando, si no incorpora esa energía, ésta se gasta y el organismo muere, hablando de un organismo elemental, mínimo. En los organismos más complejos, en los animales, esto ya puede tener la necesariedad de que ese individuo animal incorpore un alimento, la incorporación del alimento está siempre predeterminada en la esfera animal, por una conducta que llamamos “conducta animal”, biológicamente los animales saben qué tienen que incorporar para sobrevivir como individuo, conocen desde el comienzo de la vida cuáles son las características del alimento que van a ser equivalentes para toda su existencia, un pajarito nace sabiendo que va a comer semillitas o gusanitos o insectos y es eso lo que va a comer durante toda su vida, en ningún momento se le va a ocurrir “...hoy cambio y en lugar de semillitas, muerdo una gacela”, porque no está preparado para nada, no significa nada y no va a obtener nada con esto, son conductas rígidas, repetidas, preestablecidas. Los seres humanos, como somos animales que hemos dejado de serlo, aunque muchas veces nos comportamos insultando a los animales, hemos perdido la conducta que nos guía hacia una necesidad, si bien nosotros creemos que tenemos necesidad de comer, la necesidad de comer, en los seres humanos, ha quedado absolutamente relegada, transformada por un deseo, un deseo que hace que lo que incorporamos nos produce placer, no es que nosotros incorporamos la energía necesaria para sobrevivir como organismo, porque eso es lo que, por ejemplo, podría ser el alimento de los astronautas, que tienen pautado determinado tipo de sustancias necesarias que las incorporan con píldoras y uno podría decir que esto es lo más aburrido que hay, no tiene ninguna gracia, la gracia la tiene ir a comer a algún lado, estar acompañado, ir a comer con alguien, comer determinada comida, etc. etc., o sea, que en el orden de esta cuestión elemental que es la supervivencia del organismo, el ser humano actúa, fundamentalmente, no por necesidad sino por placer, y ese placer es algo que lo promete un objeto que nunca es un objeto fácilmente identificable, por eso es que, generalmente, heste objeto es un objeto fantaseado, imaginado, ¿qué es lo que te causaría más placer?, en este momento me dirían, y sería, lo que no tengo, entonces, pienso algo que me podría dar ese placer e implica algo que está por venir, no es un presente, por lo tanto, lo que se pone en juego, en el orden del deseo, es que no es presente, sea que va a venir, sea que ya pasó, el deseo nunca se juega en presente, nunca es: “está acá”, el presente sería el presente para los animales, los animales pueden tener una necesidad y pueden incorporar un alimento, en el orden de lo humano, el tiempo presente es siempre una ficción, por lo tanto, si yo lo que busco es placer, en general, voy a estar en la expectativa de donde va a venir ese placer, generalmente, es con un objeto y ese objeto va a ser el objeto de mi deseo, si ponemos en juego el placer, si ponemos en juego el deseo, si ponemos en juego el objeto podemos plantearnos el deseo por excelencia, en el ser humano es el deseo de obtener placer con otro, por lo tanto, lo que habitualmente nombramos como deseo es deseo sexual, el deseo sexual es este movimiento hacia otro que siempre es ajeno y que promete algo de la satisfacción, que es del orden del placer, por eso utilizamos la referencia del alimento, no comemos por necesidad, comemos por placer, esto le ocurre al ser humano, y no en el orden animal, en este orden no existe la posibilidad de ser anoréxico, es esta “enfermedad” que está de moda desde hace un tiempo, en donde la gente se niega a comer, a incorporar alimentos, al punto de poner en riesgo su vida, eso es algo que le pasa al ser humano y no a un animal, ningún animal va a decir me veo regordo, no voy a comer porque voy a aparecer en la publicidad de la “National Geographic”. Igualmente, aún cuando el tema de la anorexia es mucho más complejo que hacer una dieta, o sea que el tema ya no es comer poco sino negarse a comer, esto es algo que aparece en el orden de lo humano como también, es del orden de lo humano la sanción de la obesidad, esto no le pasa a los animales, o sea , un animal no come por comer, no come por placer de comer, no mata por el placer de matar, aún, cuando en los programas de la National Geographic se puede hablar de orcas asesinas o de ballenas suicidas o de cosas por el estilo, pero no es más que la forma en que los seres humanos tratamos de entender conductas que nos resultan absolutamente extrañas y que no podemos darles ninguna significación, no puede existir una orca asesina, en el sentido de que mataría por el placer de matar, eso es propio del ser humano. Ser deseantes y el objeto del deseo como objeto de satisfacción, y la satisfacción, para el ser humano es el placer, la obtención del placer y no la satisfacción de una necesidad. Somos carentes porque no sabemos quienes somos, porque nuestra identidad la construimos permanentemente y la construimos vía identificaciones, no es algo que obtenemos de una vez y para siempre, no es que digamos “yo ya sé quien soy” sino que esto es algo que se trabaja permanentemente y en cualquier momento podemos tener experiencias, de lo que en términos de enfermedad psicológica conocemos como despersonalización o desrealización, es decir, no tengo la menor idea de quien soy, no me reconozco en ninguna imagen, eso es una cuestión extrema, le puede pasar a los pacientes que consideramos esquizofrénicos, éste puede mirarse en el espejo y no saber qué es lo que está viendo en el espejo o sentir que lo que está viendo es una amenaza para él y no tiene nada que ver con él o que es una imagen que se desdibuja o que se pierde o que se fragmenta, eso que es el extremo. La enfermedad mental desde que ha sido trabajada por el psicoanálisis es, solamente, una cuestión de grados, no es que los locos, afectivamente hablando, no denigratoriamente, los locos tengan cosas diferentes a nosotros, nosotros tenemos cosas similares a ellos, psicológicamente hablando, nada más que lo que aparece en nosotros minimizado, controlado, con determinadas características, por supuesto, en este caso, en el enfermo mental aparece, absolutamente, exagerado.

Estamos en el orden de lo que la Semilogía nombra como: la función conativa del lenguaje, esta función conativa instrumentada en un mensaje, especialmente publicitario o propagandístico hace que el receptor responda, reaccione, haga algo, como dije la vez pasada, lo que sería la esfera de los mensajes persuasivos que acentúan la condición conativa del lenguaje que son las propagandas, las publicidades, los mensajes en general, grupales, sociales, etc. etc., apuntan a esta condición por excelencia del receptor, ser humano, que no sabe ni quien es, ni que quiere, todos nosotros, en principio, por estructura, tenemos que definirnos así, no sabemos ni que somos, ni quien somos, ni que queremos, si la función referencial del lenguaje está llevada a su máxima manifestación tenemos mensajes informativos. El mensaje informativo es atenuar lo más posible la participación del receptor, en general, un buen mensaje informativo tiene que no hacer pensar, uno no tiene que dudar, por ejemplo, en las autopistas, en donde si la ambigüedad está puesta en evidencia hace que se corran riesgos; en las autopistas, los mensajes tienen que ser muy claros, en donde la gente no tenga porque dudar, si tiene que doblar o no, acercarse o no, etc. etc., en este caso, lo que tenemos que hacer es conocer que los seres humanos somos así, que podemos dudar de la cosa más evidente, por ejemplo, el diseñador que hizo esta marca, ¿estaría, realmente, informado de que para allá tengo que salir?, porque esa es una condición del ser humano, desconfiar de todo, para no poner en juego esta desconfianza que nos lleva a dudar del mensaje tal como viene, el mensaje tiene que decirnos lo que tenemos que hacer, explícitamente.
En el caso de la publicidad, el mensaje, entonces, va a apuntar, fundamentalmente, a que yo no sé que soy y ni sé que quiero, por lo tanto, acentuar eso para, en la ficción, convertirnos en ese personaje que está en la escena publicitaria y que nosotros podemos tomar como un modelo de identificación, un personaje de la escena en donde yo pueda incorporarme. Tomamos como análisis, la campaña “Caro Cuore Ragazza”, 3 escenas en donde se pone en juego el target de las modelos y la acción en juego, y algo del orden de la promesa que son las frases que acompañan la imágen: “Gioca con noi”, “Vestimi di piume”,etc., también “Tascani”, trabaja en 2 tiempos de la imágen y dos tiempos de la frase: “Cada vez que alguien se pone nuestra ropa, sabe que le va a durar poco”, para agregar en otro tiempo: “puesta”.
Es en estas publicidades donde queda claro que lo que se está ofreciendo es del orden de la promesa y no del orden de ninguna certeza ni de ninguna realidad, porque yo puedo, porque no sé quien soy, insisto con esto, y es algo que construyo permanentemente, puedo entrar en la escena y como yo no sé que quiero, porque esa es la forma en la cual estoy en la vida, generalmente, es que puedo estar en la escena y consumir algo de esta ficción, no necesito estar loco para comprar ropa Tascani y esperar que ocurra el milagro, puedo jugar, ni las agencias publicitarias tienen juicios ni la gente contrata abogados para hacer juicios, pero nadie va a ir a reclamarle a la marca Tascani que gastó tanta plata en ropa, se paró en la esquina y se pasaron las horas y nadie le dio bolilla y se fue con la ropa sin ninguna arruga a colgarla en su placard, nadie le va a reclamar a Tascani, me engañaron, y Tascani sabe que en ningún momento le va a llegar este reclamo, por qué? Porque la publicidad es del orden de la ficción, una ficción en la que estamos incluidos, porque no sabemos quienes somos y que queremos y, entonces,
consumimos todo el tiempo imágenes y promesas, también, en el mensaje propagandístico, en la política, en todo lo que quieran, vivimos consumiendo algo del orden de la promesa, de lo que va a venir que, generalmente, va a ser un poco mejor de lo que existe. Como no sabemos quienes somos y que queremos, siempre estamos al borde de experimentar ese sentimiento que es el único afecto que nombramos verdadero, en el ser humano, y que se llama angustia. El amor y el odio son sentimientos bastantes engañosos porque uno puede amar apasionadamente y no saber porqué, odiar apasionadamente y no tener idea de porqué y ésto que decimos siempre de que el enamoramiento es tan engañoso y cualquiera que está enamorado puede recibir la pregunta de otro ...¿por qué estás tan enamorado, qué es lo que te pasa? Y lo más probable es que el que está enamorado no pueda decir de qué, por qué y cuál es la razón de estar enamorado, entonces, lo importante es que el único afecto que no miente es cuando sentimos angustia. La angustia es el afecto por excelencia y que aparece cuando no tenemos de que agarrarnos, generalmente, cuando no tenemos ni un disfraz, por ejemplo, una imagen, una promesa, es decir, un objeto de satisfacción; si yo me invento que lo que quiero es tal cosa, es decir, transformo mi deseo en un “querer algo” y lo que soy es tal cosa, aún cuando uno elija ser la peor cosa del mundo, pero por lo menos soy algo, si no encuentro algo para hacer y algo que me prometa una satisfacción corro el riesgo de angustiarme, esto es lo que decía la vez pasada, si uno está en un país extraño, con un idioma extraño, con una cultura extraña, códigos distintos y encuentro la M de Mc Donald¨s, uno de pronto dice, por fin algo conocido, uno sale de la angustia y va a comer esa hamburguesa que es tan asquerosa como en cualquier lugar del mundo, pero es conocida, yo me siento que no soy tan extraño, que no corro el riesgo de la angustia.
La campaña Bennetton, la utilizo a los fines ilustrativos para hablar de conceptos que a mi me interesan, como la angustia, el deseo, la identificación, por eso utilizo la campaña Bennetton, porque durante mucho tiempo, hasta las últimas publicidades, Bennetton juega en el borde, en el riesgo de la angustia y lo que hace, cosa que me parece interesante, es el hecho de que promueve una escena angustiosa, la imagen es una escena angustiosa y angustiante, sea la imagen antigua de un paciente terminal de Sida, sea la imagen de ese auto incendiado por el terrorismo en Italia, sea el barco que expulsa a los yugoslavos que quieren cruzar a Italia e infinidad de imágenes, que en su momento aquí se hizo una muestra en el Recoleta sobre los diferentes motivos de las distintas campañas de Bennetton; en todas estas imágenes lo importante es que uno no se encuentra con los modelos de Caro Cuore ni con los modelos de Tascani, uno se encuentra con una imagen, que en principio, llevaría a girar la cabeza y cerrar los ojos, llevaría a decir, “...no yo con esto no me meto o qué es esto?” o cosas por el estilo. A mí lo que me interesa de esta campaña es que si bien, en principio, esta campaña da cuenta de lo que, habitualmente, las campañas publicitarias tratan de velar, tratan de ocultar, disimular, logra un determinado objetivo y logra que el movimiento del receptor vaya, rápidamente, hacia un lugar de tranquilidad, sería lo mismo que estar en un país distante, desconocido y encontrar la marca de Mc Donald’s, uno de pronto dice “...quiero a Mc Donald’s” es lo que es, que es el imperio, que es lo que quieran, pero en el momento que se ve la marca Mac Donald’s, uno se reconoce en esa marca y se alivia. El movimiento que hace la publicidad de Bennetton es que frente a esa imagen tan impactante uno, rápidamente, busque en el entorno o en la escena de la imagen una marquita, el rectangulito verde que dice Colores Unidos de Bennetton, el hecho que uno diga “...Ah, era Bennetton! es tranquilizador. Por lo tanto, acá nuevamente la ética, vale o no vale, no tomo partido por esto, podríamos decir, provocando la amenaza de angustia, Bennetton vende marca, tanto que a Bennetton no le interesa o no le interesó vender productos, sino vender marca, porque al tener marca puede vender lo que fuere, ropa, autos, relojes, etc. y después de haber pasado por una experiencia tan angustiante lo que es encontrarme con la muerte, la destrucción, la amenaza, el desamparo, la pérdida de territorio, pérdida de referentes, ideales...frente a todas estas pérdidas tengo Bennetton, tengo una identidad que la puedo tomar o no, en principio, me tranquilizo, me reconozco en ese cuadrado.
Bueno, la idea es trabajar este tema, el mensaje publicitario que trabaja con condiciones propias del ser humano, es decir, no es que la publicidad deforma al hombre, eso tiene que ver con la ética que pone en juego el mensaje, que es lo que hay que analizar, la publicidad, simplemente, responde a una cuestión de estructura, que a diferencia de los animales nosotros no tenemos idea de quienes somos ni de que queremos pero que siempre estamos buscando, ser alguien y obtener algo, eso que vamos a obtener nunca es definitivo. La publicidad trabaja eso, la vida trabaja eso, cuando uno obtiene ese algo suele decir ...”Ah, era eso? en el orden de lo humano siempre está lo imposible. Tomemos un chiste, que es otra de las formaciones del inconciente, en tanto vehículo de un deseo reprimido. Un hombre vagabundea por una playa y encuentra una lámpara de Aladino, la frota y el mago encerrado en ella le ofrece cumplirle un deseo. El hombre pide un puente para llegar hasta Oriente, porque anhela conocer esos lugares pero le es imposible, por miedo, subirse a un avión. El mago, aunque lo sea, dice que es mucho esfuerzo de cálculo y realización, y le sugiere que piense en otro deseo. El hombre entonces quiere saber que pasa por la cabeza de las mujeres, horrorizado ante este pedido, el mago dice: ¿de cuantos carriles quiere el puente?. No lo tomo en el sentido de un chiste “machista”, que lo es, sino que tiene que ver con que la mujer es, fundamentalmente, el objeto del deseo para el hombre y el objeto de interrogación para la mujer misma, y representa, básicamente, lo desconocido y, por lo tanto, implica la esencia del deseo, por eso es que para la mitología el deseo está encarnado en una figura especial que es Pandora, y es la encarnación del deseo.
Para concluir la clase, les leo la existencia de Pandora en el Mito de Prometeo.
Prometeo es aquel que crea a los hombres y que queriéndoles dar autonomía a los hombres, éstos que en un principio podrían ser de un único sexo, que no había diferencia de sexos, le roba el fuego a los dioses para dárselo a los hombres, la idea es que con el fuego, los hombres puedan independizarse de los dioses, es una lectura mítica de un hecho antropológico. Uds. saben que en el desarrollo de la humanidad, de la civilización, la obtención del fuego ha sido muy significativo, gracias al fuego, el ser humano pudo cocinar el barro, hacer vasijas y así poder guardar alimentos y agua, y entonces, se independizó de las épocas de las lluvias que llevaba a que las tribus nómades tenían que seguir los lugares que tuvieran lluvias, porque ahí iban los animales a tomar agua etc. etc., entonces, el fuego dio independencia a la humanidad y en esta versión mítica, le dio independencia a los hombres en relación a los dioses.
Júpiter, el dios del Olimpo se enoja con esta rebeldía de los seres humanos y los castiga, “Júpiter inventa la forma más rápida de destruir el paraíso de los hombres: la mujer.
…………………………..Cuando Pandora llega a este mundo, encuentra a Epimeteo (“el que reflexiona tarde”). En cuanto la ve, éste se encanta con ella y, conmovido, recibe de sus finas manos la peligrosa caja que ella le ofrece. Es un presente de Júpiter, declara Pandora. Epimeteo no sospecha ni por un instante que todo el sufrimiento humano emergerá de allí. Todavía desorientado por el deslumbramiento que le ha producido la bella figura, olvida el juramento hecho a su hermano Prometeo, de jamás aceptar presente alguno de Júpiter. Agradecido, abre la tapa de la caja fatal. Inmediatamente, saltan de adentro todas las desgracias del mundo. …….Y el hombre pierde su paraíso.”
Me interesa destacar esta cuestión del deseo, el deseo que aparece siempre como algo que nos incomoda, que nos intranquiliza, que nos hace sentir en riesgo permanente de encontrarnos con ese sentimiento tan doloroso y que es propio del ser humano y que es
la angustia, entonces, son los griegos que hace muchísimos años que inventaron esta ficción, este mito y se les ocurrió que la forma de producir la intranquilidad en el ser humano es crear la diferencia de los sexos.
Freud pudo hablar de eso el siglo pasado para decir que lo que nos hace deseantes es que la humanidad está dividida en dos sexos imposibles de reducirse a un sexo. Existen los dos sexos y este otro sexo para cada uno es lo que nos falta y lo que, fundamentalmente, estructura al ser humano como deseante, somos deseantes porque somos dos desde el comienzo y nunca podemos ser uno, aunque con el deseo, con la promesa nos podamos ilusionar con que lo somos, por ejemplo, si fulana me da bolilla soy uno, soy completo, hacemos uno, pero es una ilusión, eso está dentro de la estructura del ser humano. Entonces, la existencia de la mujer es la representación de la existencia del otro sexo que no se puede reducir, no hay posibilidad de decir hay un único sexo, ser hombre y mujer, solamente lo puede hacer la locura, sino es imposible.